EL OTRO

EL OTRO

El otro y la gente, eran dos ladrones de poca literatura que trabajaban cuando todo el mundo descansaba.
Yo te conozco desde que eras así, iba a buscarlos cada quince días, los domingos por la tarde, para acompañarlos al estadio de fútbol del barrio y al terminar el partido se mezclaban con los seguidores del equipo vencedor que estaban más ocupados en la alegría que en su cartera.
A las diez en casa, siempre había tenido muy buen ojo, por lo que también solía ir con ellos y les marcaba a los que tenía cara de cartera llena.
Era el último encuentro de la temporada, y al equipo local le faltaba un punto para ser campeón. De diez a dos y de cinco a ocho, había situado a sus mejores hombres en las puertas de mayor tránsito. Esta vez sería él quien ganara ese antiguo juego.

Hernán Kozak


EL OTRO

Era un día cualquiera y, entre fantasmas y melodías, buscaba la razón de ese viaje que estaba por empezar.
En la búsqueda, el camino empezó complicado, no lograba encontrar la nota precisa, me aturdían las ideas y todo lo veía gris.
Detengo la dirección, respiro y trato de resetearme buscando otro color, algo de vida diferente que me lleve a la primera estrofa.
Si puedo armar el principio, posiblemente esto me ayude a continuar me dije.
Sin miedos del pasado, doy ese primer paso fundamental y como si nada, llego a una especie de puente que me permite entrar en otra realidad.
Cabalgando arriba de una frase, me encuentro con una verdad llamada estribillo, ese momento donde todo se vuelve claro, fácil en un decir, cálido y cercano a la vez.
En ese momento me doy cuenta de que el amor es una palabra más que me ayuda a trasmitir emociones.
¿Cómo hacer para entenderte estructura?
Es ahí donde sin pensar en nada, todas las figuras van apareciendo.
Si no le pongo nombre, estaré menos perturbado a la hora de hacer me digo.
No quieras hacerla para alguien, déjalo ir libre sin rótulos en el horizonte, deja que se respire como quiera, y tal vez así, una vez hecha, encuentres la dirección de esa canción…
Dos días más tarde, me encontré con una bella canción a la vida, a todas las cosas de la vida, a vos, a mí, a ellos y al otro.

Leandro Briscioli


EL OTRO
Arriba se sentía un animal moverse. Los tacones se hundían en el pavimento mientras los niños corrían por el parque. Se oyó un grito. Había que prepararse para lo que iba a pasar. Alguien acercó el ojo a la cerradura y miró. Aunque era de noche, el reloj no se detenía. Tuvo que esperar al día para lo que iba a pasar.
A oscuras, los años pasan rápido, después sólo hay recuerdos que se transforman. Sin embargo, si miras atentamente en ese punto, no se ha movido nada, sólo es un juego de luces. Ya no se ven esos colores y lo oídos han cambiado. Si se hubiera encontrado a sí mismo tras la ventana, tras esa espesa humareda, la mirada se hubiera convertido en un gato.
La noche le rozó al pasar y el barro permaneció en la camisa. Cuánto tiempo hacía que la mancha no salía de la escena. Había un vacío que le hubiera gustado llenar entre todos los objetos. Su cabeza flotaba de uno a otro esperando algún otro tiempo. La alarma del reloj no sonaba. Aún era el otro.

Laura López

EL OTRO

Abrimos las ventanas para que entrara un poco de luz y pudimos ver cómo los pájaros volaban tan alto que no se veían, de pronto llamaron a la puerta, y al abrir, sentimos cómo la presencia de imágenes etéreas se acomodaba para conversar fundiéndose en la multitud del otro. Después tuvimos tantas ganas de vivir que salimos a la calle, y sin saber qué ocurría, nos vimos sumergimos en el blanco absoluto del navegar entre árboles.

Paqui Robles.

EL OTRO

El otro había estado allí hacía muy poco, me di cuenta en cuanto vi la cara de ella. Estaba excesivamente tranquila, una tranquilidad impostada, pero se notaba que había alguna idea que la distraía y hacía que respondiese a mis preguntas unos instantes más tarde de lo habitual.
Después me encontré un libro de Gabriela Mistral abierto sobre la mesa. Me extrañó porque a mí me apasiona leer y escribir poesía, pero ella nunca me había hablado antes de ningún poeta, ni mucho menos de Gabriela Mistral. Estoy seguro que me acordaría. Y para colmo, al dar la vuelta al libro abierto, vi que los poemas estaban marcados a lápiz, separamos en cuartetas como para hacer una canción con el poema. Eso seguro que no ha sido ella porque nunca jamás la oí cantar una sola estrofa. ¿Será que tenía una nueva amiga cantante-compositora?… No, me lo hubiera contado en seguida.
Por un segundo el pánico me heló la sangre al pensar si tal vez su otro amante la hubiese confundido con promesas de amor eterno hasta conseguir granjearse su devoción infantil. Pero pronto pensé: En ese caso estaría todo perdido. ¿Qué iba a poder mi amor de frases y años, frente a trescientos mil muertos que hubo en Hiroshima en pocos segundos? La guerra es primero que el amor porque para poder amar es indispensable estar vivo, pero el amor tiene la grandeza de permitir amarlo todo, también la guerra y la muerte.
Ahora me preguntaba si lo que la distraía era alguna frase de su madre, su antigua religiosidad, o tal vez el hecho de no estar segura de cómo iría a reaccionar yo si me diese cuenta. Eso tampoco yo mismo lo sabía, porque el hecho de que ella tuviese otro amante nunca se me había presentado como una evidencia que me hubiese obligado a reaccionar de alguna manera.

Kepa Ríos Alday


EL OTRO

Que el amor tuviese la oportunidad de penetrar otro tiempo, un tiempo sin pérdidas, donde las energías no se encontrarían en las alturas ni en el retorno, sino que cohabitarían con la piel del movimiento, y se volverían dolor, argucia de vida, pálpito que, cambiado en orfandad, abandonarían la similitud y dejarían escrito el aire, la respiración y sus ritmos, equívocos del son que se construye en el argumento del alma.

Así empezó su relato, conquistar una historia en la tierra, un sollozo que podría encontrarse con una evidencia, sin apostar, un calor que dejaría la exageración al verano… Pero también estaban temblando las notas bajo el agua o las que aparecían en los titulares. Notas diluidas que no revelarían nada, burbujas de culpa, desvaríos que repartían accidentes, robos, desplazamiento de capitales, ¿evasión en qué?
Con ese papel-puente, esa esfera musical, ella buscaba respuestas, sentidos en la orilla del mar y murmuraba que algún día, un verbo tendría que comprobar que es cielo y luz para todos, que las cadenas no son tatuajes, a veces pierden sus calles, fantasean otro nacimiento más preciso, un hombre hombre, una mujer mujer, y tomaba su café, conjugando verbos desconocidos y escuchaba la guerra que planeaban el espacio y el tiempo.

Si estoy creciendo en ese verde, hoja natural, sentada en esta forma viva, es que mi soledad no atraviesa el cristal de la ventana, se estremece, está rodeada, atada, como el amor de ese otro que desatina, que me susurra oraciones, que se enriquece de paisajes y me deja partir.

Clémence Loonis


EL OTRO
Aquella historia se quedó olvidada en algún cajón del Ministerio, mi abuelo compró este terreno siendo rústico en el momento de la crisis olivarera. Oí decir a mi padre que fue el motivo por el que la familia se disputó, pues en lugar de cambiar la plantación como deseaba su hermana, él tomó la decisión por mayor y varón. En uno de sus viajes a Madrid, se encontró con un viejo compañero de internado, que en esos momentos era asesor del ministro de fomento, quedaron para ponerse al día y entre copa y copa llegaron al terreno que mi abuelo quería sin olivos. Ese lugar está destinado a ser un aeródromo, le comentó su amigo, ideal para unos cuantos cazadores suizos. Voy a hablar con el ministro, podríamos crear un coto, hacer un hotelito en el cortijo. Entonces este abuelo es el que os dejó en la ruina… ¡no hombre, no! Fue el otro, el que invirtió en los molinos, quería vender el producto de estraperlo a Holanda, pero a la hora de la verdad estaban vacíos.

Ana Velasco


EL OTRO

Nunca “el otro” había generado tanto revuelo, parecía increíble pero aquel día salir a la calle iba a ser como recrear un tiempo de guerra de los de antaño.
No creo que nadie se diera cuenta de la transcendencia de aquel otro tan poco común. En un principio se creía que iban a ser solo unas horas, pero aquello se alargaba y no daba tregua, pasaron algunos días y cuando todo parecía estabilizado, apareció.
Entró sin llamar, casi tira la puerta abajo, incluso algunos telediarios hablaban de un posible desastre natural, como si a la tierra la hubieran capturado aquellos otros, pero en realidad era sólo uno, uno especialmente virtual, perdón virtuoso, ostentoso y algo lascivo para la época.
Estábamos atónicos ante aquel poderoso efecto, la magnitud de su fuerza era descomunal, hablaban de que su tamaño era como el de 10 tiranosaurios res uno encima de otro, algunos decían haberlo visto, otros lo buscaban con desesperación, pero nadie sabía que ese otro era solo un sueño, la caricia que el descanso dejaba en mi recuerdo.

Magdalena Salamanca


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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