EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

Esa risa a lo lejos
es el olvido comiéndose sus propias manos
y bailando sobre las montañas de amuletos
que hay en los rincones de todas las casas.
Es una bandada de pájaros
preguntando por las palabras que agonizan,
burlándose de las armaduras
puestas a secar después del encierro.
Es la ceguera vendiendo sus últimas pupilas,
el grito de rabia que suma desheredados,
la noche cerrando sus puertas para sobrevivir.

Hernán Kozak


EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

Inoportuna hembra naciendo de mis manos
siempre ardiente como la llama
que se arroja al fuego voluptuosa
o la gota de salpica las orillas de tu piel.

Se mueven los días de estribor a babor
y pequeñas lanchas acuden al encuentro de tu deriva
aunque el camino hacia tu vientre
sea como las grutas vírgenes de tu mirada.

El verdadero abrir de los ojos
confunde las palabras del amor
que, sin pudor, descubren los pulsos ocultos
de tus maravillosos tesoros submarinos.

Magdalena Salamanca Gallego


EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

La luz que acompaña a la sombra
abriga, caprichosamente,
cada espacio
anulando el silencio
para entretejer,
entre armonías,
el verdadero abrir de los ojos.

Canto a las sirenas destila cada día
en el rojo amanecer de tus pupilas.
Ya nada será lo mismo
porque en aquel abrir de ojos
mostrabas una vez más
el verdadero amor que fingías
hacia todo lo posible
de la imposibilidad humana.

Cada sentimiento arrastrando
arenas movedizas,
que al mínimo roce,
tragaban los misterios
que iban sucediendo.

Así, llegando a la triste despedida
del cuervo desgarrador
de suicidios,
te arrojaste al más lejano abismo
para no volver nunca más
al océano pacífico.

Paqui Robles.


EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

Le nombraban
aunque sus ojos eran silencio
una boca le dibujaba.
Retenían el rostro del jornalero
y la azada en sus manos como si nada.

Preñada la pupila,
quiso salir el infante
pero la luz le acordonaba.
El pestañear continuo
hacía latir al difunto para despertarle.
La idea le abandonaba.

Del patio a la casa, pasando por el cuarto.
Le nombraban.
La mujer cedió al crujir de las sábanas
se coló el gallo que iba a cantar en la madrugada.
Se callaban.
Y un estruendo alzó la voz en otra guitarra.

Laura López


EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

Los ojos no están siempre abiertos,
artilugio mecánico, cuasi perfecto, soslaya la desazón
provocada por la luz cegadora de un sol ajeno, utópico y etéreo.
Así, escondidos en los recovecos de las tinieblas,
útero primigenio protegido y condescendiente,
urdimos una idílica y soportable existencia.
Cuando el vigor del cosmos embiste súbito y fulminante,
reta nuestra farsa de manera agotadora e incomprensible,
desanudando el genuino y verdadero abrir de los ojos.
En espigadas cimas rozando el cielo con dedos trémulos y frágiles,
en las aguas heladas, puras que vertebran valles de lirios amarillos,
en arroyuelos de leche fresca que amamanta a la manada.
Ojos plenos ante el devenir del tiempo que se agota,
ante el reflejo de la luna derramada sobre hijos crecidos,
en los versos que indican el inevitable camino hacia la muerte.

Maria González

EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

Era un sonido húmedo de párpados
cayendo sobre los alguaciles
del fortín amurallado donde se pudrían
las mejores frutas, un sonido
que apagaba las luces del amor
y traía el recuerdo de la ubérrima
libertad de la muerte.
Era un sonido siempre supuesto
ya que las verdaderas cerraduras
no hacen ningún ruido al cambiar
el estado de la luz. Cuando aquel
interruptor auténtico
hacía retumbar la piel
con su chasquido omnipresente,
no quedaba ya ningún testigo
que no hubiese ensordecido
debido a la dulzura desconocida.
El verdadero abrir de ojos ocurría
cuando bajaba las persianas lentamente
y comenzábamos a hablar todos
como si nunca hubiésemos muerto.

Kepa Ríos Alday

EL VERDADERO ABRIR DE LOS OJOS

Para los ojos no es fácil mirar.
Ellos se posan aquí y allá,
como buscando algo,
como queriendo encontrar
en qué detenerse.

Están ciegos.
Pero tú, que observas,
crees que miras con cuidado
cada detalle de su cuerpo.

Pero los ojos están cerrados,
duermen, mientras pasean
su mirada sobre las cosas.

El verdadero abrir de los ojos
no está en el golpe brutal
ni en el traspié sobre la piedra.

Volúmenes rasgan las sombras
con sus siluetas profundas.
Aristas arrojan su débil luz
sobre un trasfondo de tinieblas.

Un destello de fósforos apagados
en el telón de los párpados cerrados.
Así es el mirar ciego.

No es el órgano, debes saberlo.
No es la víscera que late.

Es el deseo que toca
la pupila rutilante,
la nervadura eléctrica,
el que apaga y enciende
la blanda, sutil materia de mis ojos.

Ruy Henríquez


TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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