PÉTALO SIN COLOR / Poesía

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PÉTALO SIN COLOR

Punto de luz sin aire,
todo fuego fatuo,
cansancio inespecífico,
dolor.

Cae la tarde y el otoño, la nieve
cubre los tejados y el corazón.
Los colores se tornan grises,
la esperanza un pétalo sin color.

Cruz González Cardeñosa

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PÉTALO SIN COLOR

Había una vez un pétalo sin color

crecía en un siglo asolado

desierto de amor y, también, de odio.

Solo podía ceñirse a la pálida tez del sol

mientras la fotosíntesis se reinventaba

para no quedarse sin trabajo.

Nadie nunca escuchó sus lágrimas

pero aquel pétalo se encontraba triste

sus colores, esta vez, serían mudos.
Seguro que las lunas de agosto

pronto encontraran algún porqué,

pero las sombras no descansarán este año.
Voces, gritos, aullidos de luz

ciegan la consigna de los pétalos mudos

mientras el mundo llora sus colores.
Magdalena Salamanca
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UN PETALO SIN COLOR

¿Reconoceríais una ola sin salitre,

un barbo sin escamas,

un otoño sin hojas

o una concordancia sin su verbo?

El carmesí de la rosa es el fuego del amor,

me acerco a ti con el olor de las lilas

mientras los lirios transitan

en el deseo sexual de los amantes.

Vuelve el mirlo con el crisol de tulipanes

honra del imperio mandarín.

Petulancia de colores jugueteando

entre el sol y la córnea,

los pigmentos son el trance del pintor

ante el universo.

Un pétalo sin color
es una burla de la paleta al tallo mutilado

al no poder sostener su flor en la tarima.
Ana Velasco

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PÉTALO SIN COLOR

Era amarillo y rojo mi país
Como el fuego en invierno
O el rojo pétalo de la sangrante
Amapola de los rubios campos
Pero mi patria no tenía no tenía

Un color era el rojo, el azul,
el naranja, el morado, el verde…
estallaban en amargos debates
en mi país mojado de pintura electoral
Pero mi patria no tenía no tenía

De la antigua roma un color griego
pulcro mármol del pensamiento y el ocre
que trajeron los moros en sus oraciones
como brillante arena del desierto. El verde
húmedo de los vascos recolectores de frutos
en los frondosos bosques o el azul de aquellos
pueblos celtas que viven en el mar.
Pero mi patria no tenía no tenía.

Mi patria era un pétalo que no tenía
un pétalo sin color con qué brillar.
Kepa Ríos Alday
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PETALOS SIN COLOR
Pétalos sin color atrapados en los versos de la página en blanco

se cobijan en el anverso y reverso de hojas desteñidas y caducas.

Océanos colosales e infinitos dónde convergen las lágrimas vertidas

por doncellas de ojos cegados por la locura del amor eterno.

Microscópicas partículas de fluidos cristalinos,

dorados y transparentes polinizan fugaces deseos

parapetados en una infancia atrapada en muñecas de trapo.

La ignorancia y la barbarie se encordelan tenaces y recias

a la piel efímera del trabajoso devenir de la multitud

enredada en sutiles hilos de seda monocolor, opaca y virgen.

Lloro clamando a los dioses el retorno de amores perdidos,

cuerpos ardientes, anhelos inacabados, elixires de juventud eterna.

Diminutos seres en confines de otra galaxia deshojan margaritas

que atesoran en libros sagrados y sublimes.
Maria González

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PÉTALO SIN COLOR

Conozco una princesa sin tiempo

que cosía las nubes con sus lágrimas

y tenía la mesa llena de campanas de oro.

Conozco a un tal Hans

que aprendió a pensar en las montañas

y que estudiaba al hombre sin apenas tocarlo.

Conozco gente que ignora la historia de ambos,

y mal dice a quien se entretiene con su baile

por querer comprenderlo.

Hernán Kozak

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PÉTALO SIN COLOR

Ella era un pétalo sin color,
una flor marchita,
una mujer a punto de llorar.
Antes de desnudarse
quiso tomarse un respiro,
leer un poema,
hacer ejercicios
con la ventana abierta.
Creía, infantil criatura,
que el tiempo
pasaba por su cuerpo.
Aquí, esta arruga,
este pliegue, este destino
malsano de la lluvia.
En este punto fui una rosa,
el olor embriagador
de la juventud primera,
el caprichoso sexo
de las madrugadas.
Amé y fui amada.
Ahora no recuerdo casi nada.
En la cama, en silencio,
el cuerpo recuerda y sabe gozar
sin que nadie le diga cómo hacerlo.
Goza y ama, como una flor
que aún no ha perdido su perfume.

Ruy Henríquez

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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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