EL DIAGNÓSTICO / Historia

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EL DIAGNÓSTICO

No tenía idea del tiempo que llevaba caminando en aquel oscuro túnel en el que no se veía absolutamente nada. Sus pasos le guiaban con una contundente seguridad, como si ellos supieran a donde tenía que ir. No podía retroceder. Tuvo una ligera sensación de frío. Anduvo más deprisa, Sin noción del espacio y del tiempo. Trató de hacer memoria, pero no pudo encontrar de dónde venía y hacia dónde se dirigía, aunque tenía algunas vagas reminiscencias de lugares y personas. Estas como flases luminosos aparecían en su mente. En su avanzar pudo ver una luz que indicaba el final de aquel túnel. Este terminaba en una sala amplia e iluminada de manera artificial. El techo tenía forma de cúpula y había mucha gente sentada en butacas blancas conversando mientras esperaban su turno. Se dirigió a un mostrador en el que una mujer pálida y muy delgada le indicó que se sentara, le llamarían por megafonía. Mientras esperaba se dio cuenta de que estaba muerto. Lo dedujo por la conversación que tenían las dos mujeres que estaban en frente suyo. Una había fallecido de un ataque al corazón y la otra se había tirado por el balcón, no soportó el aislamiento. Charlaban animosamente sobre la experiencia. Lo vio claro en ese momento, el diagnóstico de COVID 19 y las complicaciones generadas lo habían llevado hasta allí. Ahora recordaba sus últimas horas en el hospital y la cara de alivio de aquella enfermera.

Oyó su nombre por megafonía. Primer pasillo a la derecha. Allí le estaba esperando San Pedro. No se lo imaginaba tan atlético. “Esto del cielo debe ser un chollo, seguro que hay gimnasio gratis, a ver si tengo suerte”-pensó.

El Santo revisó su expediente en el ordenador y le miró como si le hubiera leído el pensamiento: “no te emociones Jacinto, al cielo directamente no vas a entrar. Ayer revisamos tu caso y tendrás que regresar a la vida terrenal para hacer trabajos en la comunidad, igual eso te salva. Tu comportamiento desde que empezó la pandemia ha sido más que lamentable”. Le recordó que había robado las mascarillas del almacén en su trabajo, además del gel hidroalcohólico dejando a sus compañeros sin los EPIS esenciales, había arrebatado en el supermercado el papel higiénico de los carros ajenos aprovechando el despiste de sus propietarios, no había respetado los confinamientos y había arrojado agua a los propietarios de los perros que paseaban debajo de su ventana. San Pedro, en su discurso añadió que cuando le diagnosticaron COVID 19 su comportamiento había empeorado, aún más, se burló del “catarrito”, contagió a algunos vecinos, pese a tener mascarillas más que de sobra, y se había portado groseramente con el personal sanitario. Te mereces una temporada en el infierno, pero Satanás ya no tiene hueco. El limbo nos lo han cerrado por falta de presupuesto. Dada la saturación de estos días, hemos pensado cambiarte de época, en Egipto hay más espacio y son más permisivos, pero Osiris ha comentado que no cree que pases la prueba de la pesada del alma. Son muy estrictos con los comportamientos en pandemias. En definitiva, ¡que te vuelves Jacinto!, en unos meses revisamos tu caso de nuevo, por qué antes de este lío no eras un tipo malo del todo. Aplícate, Satanás ha comprado una parcela y tendrá hueco en un par de semanas. No es un sitio muy recomendable. Te lo puedo asegurar.

El agua bendita le salpicó en la cara. Abrió los ojos sobresaltado y pudo leer el terror en los ojos de aquel hombre. Llevaba un crucifijo y el aspersorio que le había traído de nuevo a la vida. Era un sacerdote que llamaba despavorido al personal sanitario. Mariluz la enfermera, no daba crédito. ¡Joder, si ha palmado delante de mí! La sola idea de pensar en que tenía que poner en riesgo su vida y la de su familia para atender a aquel cretino le revolvía las entrañas. Pudo leer a través de aquella máscara que solo dejaban ver sus ojos negros la cara de satisfacción de Jacinto por haber vuelto a la vida y ya con la extremaunción dada. Le encantaba lo gratis. Tenía que hablar urgentemente con su supervisora. Necesitaba un cambio de planta. El cambio no se llegó a ejecutar. Satanás había acelerado las obras, gracias al trabajo de unos fornidos narcotraficantes y en un par de semanas fue a buscar a Jacinto, quién no opuso ninguna resistencia.

Maria González

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EL DIAGNÓSTICO

Le diagnosticaron ceguera total cuando se dieron cuenta que no podía distinguir absolutamente ninguna de las letras del panel. Lo chocante del caso es que se trataba de la revisión médica que hacían a los nuevos reclusos que llegaban a la cárcel. Nadie sabía que estaba ciego ni mucho menos lo podían sospechar al saber que la infracción por la que le detuvieron había sido el circular a más de 240 Km hora por una carretera comarcal.
Y ¿cómo te enteraste del caso? -Era mi compañero de celda.
Y ¿él qué decía? ¿cómo podía conducir a esa velocidad sin ver nada? -Él veía perfectamente, me hizo varias demostraciones. Lo que ocurre es que el tipo estaba trabajando en el campo y pasó el chico aquel con el deportivo a tanta velocidad. A poca distancia estaba el control de la guardia civil, y como el chico era hijo del médico que hace los controles médicos a los nuevos reclusos, pensaron que la mejor solución era que cargase él con el mochuelo. Al fin y al cabo los ciegos tienen condenas reducidas.

Kepa Ríos Alday
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EL DIAGNÓSTICO

No se si ud. ha visto esas patas de gallo que circundan sus ojos, y luego esas bolsas que rodean sus pestañas; además de estas estrías que circundan sus labios, le decía la joven voz mientras paseaba el índice por el rostro. No es algo que se esfume sin más, todo esto precisa algo de trabajo y voluntad. Se ha dado cuenta de los surcos que rodean su barbilla… Y ¿qué me aconseja ud.? Pues debería seguir un tratamiento de manera sistemática, de lo contrario no llegará a los sesenta con buen aspecto, pero si yo ya pasado los setenta y dos, y eso sin contar el tiempo del confinamiento que, a día de hoy no sabemos lo que se alargó….
Ana Velasco

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EL DIAGNÓSTICO

– No hay diagnóstico, no sabemos qué le pasa, esta vez, las pruebas son normales.

– Pero cuando ingresó parecía que…

– Sí pero ahora nada de nada, así que dile que se va a casa.

– No doctor Ramírez. No puedo, no lo va a entender.

– Me da igual, Dra. Pérez, la urgencia está saturada y no podemos ocupar camas si no es un Covid.

– Dr. el paciente ha venido 3 veces esta semana, está angustiado, triste con miedo.

– Pues mándele un ansiolítico y a casa, o mejor un antipsicótico, le calmará más.

– Dr. Ramirez tiene tos y 85 años, vive solo y no tiene familiares conocidos, no quiere estar en su casa, tiene mucho miedo a morir y que nadie se entere

– ¡Dra. pues lléveselo usted a su casa, si le da la gana, pero aquí no se puede quedar!!!!! Deje de perder el tiempo es solo un viejo asustado, no está enfermo.

– Dr. por favor, solo le pido que lo reconozca, unos minutos nada más. Siempre pregunta por usted.

– Pero ya le he dicho que no sé quién puede ser, no conozco a ningún Joaquín de 85 años. Bueno venga paso a verle.

Ambos médicos se dirigen a la sala B donde estaba el anciano en observación.

Justo detrás de aquel biombo. Dijo la Dra.

Dr. Ramírez le presento a Joaquín

El paciente algo sonriente por primera vez, dice: No me llamo Joaquín soy Julián Ramírez, tu padre, abandoné a tu madre cuando solo tenías 3 meses y hasta ahora no he tenido el valor de presentarme, aunque vengo por aquí a menudo para verte y asegurarme que estás bien. Hijo, no me quería morir sin que lo supieras. No espero tu perdón, solo quería decirte lo arrepentido que estoy.

El Dr. Ramírez, entre desconcertado y algo aliviado dijo: ¡¡¡¡¡Padre!!!! Llevo años buscándote, yo también necesitaba conocerte. Gracias.

– Dra. Pérez lleve al paciente a mi despacho, nos lo llevamos a casa cariño, es mi papá.
Magdalena Salamanca
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EL DIAGNÓSTICO

Son tres quizás, o dos tal vez o un puede que nunca.

Primer quizá:

Siempre llegamos tarde, pero ahora tiene más delito. Con eso de que cada mesa debe estar al mes a dos metros una de la otra, es muy complicado conseguir una reserva

Nerviosos entran al restaurante, dejan sus abrigos y se acercan a la esquina indicada por un camarero que les dice:

Este es su armario auxiliar, aún huele un poco a lejía. En el primer cajón pueden dejar sus mascarillas de calle, se auto limpiarán, y pueden retirar las de comer fuera, desechables con apertura frontal. Tienen también un paño caliente por persona y un tubo pequeño de alcohol. Les toca el turno de ir al baño dentro de una hora y media.

Espero que pasen una buena velada.

Segundo quizá:

Están en el Juzgado, fuera de las salas de juicios. Aparece la agente judicial y dice:

Verbal 39/19, por favor entréguenme los DNI y los CLC.
¿CLC? Pregunta uno de ellos.
Si, el certificado libre de coronavirus.
Perdone señorita, pero se me ha olvidado.
Siempre estamos igual, pero hombre, sáquese el nuevo carnet de identidad, que viene con el incorporado, o bájese la aplicación y lo lleva en el reloj. Es que sin esa documentación no puedo dejarle entrar. Es mas no se ni como ha accedido al edificio.

Tercer quizá:

En un instituto el profesor da las últimas indicaciones.

Tienen que traer todo estudiando, desde el tema diecisiete al treinta y dos, inclusive.
Pero eso es mucho, el curso pasado nos dio la mitad. Acuérdese que tenemos otras asignaturas. Dijo uno de los alumnos candidato a delegado.
El curso pasado era el curso pasado. Le explico amablemente, comprendiendo la dificultad del asunto.
Pero…
Pero nada. Ya saben que cada año nos toca estar en casa al menos mes y medio. Este COVID31 tienen que estudiar más que el 30, es lógico, este año los que pasen, se enfrentaran a la prueba para entrar a la universidad, ¿o es qué se han olvidado de eso?
Hernán Kozak
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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