¿ESTÁ USTED BIEN? / Historia

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¿ESTA USTED BIEN?
Se van a enterar los del trabajo cuando se lo cuente, no se lo van a creer y veras que envidia.

Pues si señores, pues si y si nadie lo había pensado antes, haber estado más listos.

Siempre haciéndome creer que no me enteraba de nada, que estaba despistado. Diciéndome que no me daba cuenta de lo importante o de esto o aquello.

¿Y ahora qué?

Ya los veo viniendo a mi mesa y pudiéndome perdón, queriendo comer conmigo en la cafetería, preguntándome como se me había ocurrido.

Ya veras, ya veras, cuando les diga que he sido el primero ,en pedir el turno de vacaciones y que he puesto todos mis ahorros, para un viaje por Italia del 13 de Marzo al 11 de Abril.
Hernán Kozak

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¿ESTÁ USTED BIEN?

-¿Está usted bien? me preguntó como si hiciera mucho tiempo que no nos veíamos.
-Sí, yo estoy bien. ¿Qué tal está usted?
-De momento bien. Ya sabe, me cuido, no salgo del cuarto para nada. Mis hijos me ponen la comida en la puerta. Y como me han dejado la habitación de matrimonio,, tengo baño propio. La verdad, estuve tan malita que creían que me moría, hasta llamaron a un sacerdote. Menos mal que se negó a venir por lo de no contagiarse. Luego fue bajando la fiebre y vinieron las ganas de comer y ahora me siento como una rosa.
Yo no le dije nada. Me fui alejando poco a poco hasta que estuve a la suficiente distancia como para no parecer un grosero por salir corriendo y me dije que era la última vez que miraba hacia arriba para ver el sol.

Cruz González Cardeñosa

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¿ESTÁ USTED BIEN?

Se escuchó un grito al fondo del vagón de metro. Fue un par de días antes de que se declarase el estado de alerta por la pandemia. Una chica salió corriendo tapándose la boca con un pañuelo. Dos obreros, con el mono lleno de manchas de pintura, también salieron pero más despacio. Con desenfado propio de su gremio iban comentando entre ellos:
-Se le ha posado un coronáviro, qué bestia, vámonos. – ¿Un cornápiro? -Sí, un carnóviro.
Una señora con su pequeña hija de la mano salió del vagón llorando:
Dios mío, pobre señor -hablaba mirando a todos lados y también a su hija, pero sin esperanzas de que nadie comprendiera- y precisamente le tenía que pasar en esa parte, Dios mío, en esa parte precisamente.
No pude reprimir mi curiosidad y me asomé al corrillo de curiosos. En el suelo un señor de unos sesenta años se retorcía de dolor. Alcancé a verle solamente la cabeza: Aunque apenas emitía ningún sonido, vi como apretaba los dientes, además del copioso sudor corriendo por su frente. Una mujer le sostenía la cabeza con una mano por detrás de la nuca y le preguntaba:
¿Está usted bien?
El señor no podía ni responder del dolor. Un joven que había delante mío, en el corrito se marchó en ese momento y pude ver completamente al señor que estaba tendido en el suelo. Entonces me quedé petrificado ante aquel extraño fenómeno nunca antes visto: era del tamaño de un balón de fútbol sala o balonmano, de color azul oscuro y manchas rojas; brillante y húmedo, con un montón de tentáculos o espinas, permanecía aferrado al señor que se retorcía de dolor en el suelo. Entonces me di cuenta claramente de lo que pasaba: A aquel pobre señor le había salido un coronavirus en todos los cojones.

Kepa Ríos Alday
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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