CRÓNICA DE ESTOS TIEMPOS / Historia

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PARECIDO A UN DIARIO

Primer día de encierro, he oído que todos tenemos papel higiénico en nuestras casas para aguantar dos décadas, creo que eso nos ha tranquilizado al menos cinco minutos.

Ya he visto a mi familia y amigos por el teléfono con su mejores chandals y camisetas y un estudiado despeinado elegante pero informal.

Mi teléfono no para de sonar, casi más que cuando estoy trabajando. En la fábrica de memes los elfos azules deben estar a destajo y eso es algo que agradezco, únicamente pido un imposible, que me llegue cada uno menos de diez veces.

Quinto día de encierro, no sé si el tanto por ciento de la rebaja española en PIB relacionado con la subida moderada del Euribor, con las cifras de la última relación euro – dólar, aplicada a las propuestas coercitivas de la demanda interanual que nos ha dado el gobierno, son o no buenas noticias.

Si alguien del exterior planetario quiere venir a visitarnos, le diré que este es un buen lugar pero no es un buen momento.

Hernán Kozak

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CRÓNICA DE UN LUNES

Me levanté como cada lunes a la misma hora. Me pareció la mejor opción para hacer normal una situación tan anormal. Un programado ritual que empecé con cierto optimismo. A las 8 de la mañana estaba frente al ordenador conectada a todos los posibles cables que me iba a abrir un mundo virtual lleno de posibilidades. Por un momento pensé que quizás, con adecentarme de cintura para arriba sería suficiente, pero pesándolo mejor, sí afrontaba con ese toque de desidia el primer día de confinamiento la cosa no podría acabar bien. Así que eché el resto. Sólo me quedé con las zapatillas.

Mi objetivo para el lunes estaba claramente definido: encontrar un técnico de laboratorio bueno, bonito y barato. No importa que cambien las circunstancias esa es siempre la constante. Cité a todos los candidatos vía Skype el sábado por la noche cuando la crisis del COVID 19 empezó a ser más que unos cuantos casos aislados.

La primera entrevista fue razonablemente bien, una joven con gran pericia técnica y con un magnífico discurso confinada en su casa en Cuéllar me tenía absorta con su manejo del lenguaje. Mientras tanto, mi canguro Peppa Pig a la que odio profundamente, pero a la que tengo mucho que agradecer hizo un excelente trabajo. El capítulo de la señorita patas largas nunca decepciona.

Pero la gorrina fue incapaz de sujetarlos en el segundo asalto. Los noté revolverse a mis espaldas y mi adrenalina empezaba a circular a una velocidad considerable. Tuve la misma sensación que cuando corría las vaquillas en la fiesta de quintos de mi pueblo. Mi atención ya estaba completamente dividida.

Mientras aquel joven sin experiencia peleaba con extremo entusiasmo y una sonrisa de oreja a oreja como únicas herramientas su validez como candidato, el silencio se hizo a mis espaldas. Eso siempre es una mala señal. Se mascaba la tragedia. Empecé a imaginarles en los peores escenarios posibles que puede ofrecer el espacio doméstico, a la vez que me daba órdenes a mí misma de mostrar interés y respeto por aquel mozo recio que se había tomado la molestia de ponerse una alegre y juvenil corbata. Estaba fatigada y sólo eran las 10.30.

De repente salí de dudas. La voz infantil, sonora y desgarradora de mi hija me indicó a que se debía la ausencia: – “¡Mamá ven a limpiarme el culo, que ya he hecho caca !”- hice caso omiso, ya que la entrevista estaba tocando a su fin y con un poco de suerte cerraba el tema apañadamente. Pero los gritos eran cada vez más y más altos, no se sostenían en la lejanía por más tiempo. Se trata de una habilidad infantil que me genera fascinación, por que pierde efectividad con los años, incluso generando el efecto contrario. Tenía que hacer algo. En un sencillo y emotivo gesto le indiqué a mi candidato que me diese unos minutos. Quería evitar que el trasero se presentase ante la cámara. Me sonrió, como no podía ser de otra manera.

En un rápido y alterado barrido visual pude ver que el baño era un campo de batalla. En un pequeño espacio encontré confinados a un niño, no a una niña, como es lo esperable, vestido de princesa Disney, un culo a la intemperie, marañas de papel higiénico por los rincones, y pinturas rupestres en los azulejos. A toda velocidad definí la prioridad: me limité a limpiar el culo. Volví a la oficina virtual para rematar el asunto con el chico de la perenne sonrisa.

– “Hay que ver que bien se disimulan las cosas con una webcam, ¿estará con el pantalón de pijama y con corbata?”-pensé para mí furtivamente.

Para cuando terminé, mis hijos seguían atrincherados en el baño ajenos a la realidad que se nos estaba echando encima. En ese momento, comprendí la que iba a ser mi situación laboral en las próximas semanas. Mejor tomárselo con calma.

A última hora de la mañana llamé la directora de calidad para comentarle que tenía un potencial candidato. No tenía mucha experiencia, pero iba más que sobrado de ganas y entusiasmo.

Maria González
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CRÓNICA DE ESTOS TIEMPOS

Me desperté una mañana y todo era diferente. Ya venían avisándonos, que si los chinos han inventado una nueva enfermedad, que ayer eran dos y hoy son diez y mañana serán cinco mil y ya cruzó la frontera y por el momento parece imparable.
Ahora que llegó a España, y de momento parece que para quedarse un tiempo, me doy cuenta de que China está muy cerca de Madrid, como lo está Buenos Aires o Washington.
El huésped se instala en tu cuerpo y viaja contigo en tren, en barco o en avión, no le importa el medio de transporte. Lo malo es que te hace la vida imposible, incluso a veces hace que las cosas se compliquen tanto, que no tienes más remedio que morir. A veces, no por tu huésped, que sólo hizo su trabajo, sino por eso que se desconectó cuando él decidió instalarse en tu cuerpo.
Tiene asustado a todo el mundo. Aunque hay valientes que no le temen y aún salen a la calle sin protección. Son los menos. Ahora que cerraron bares, restaurantes, cafeterías… hasta museos, bibliotecas, discotecas… cines, teatros… Nos dejaron sin vida social estos visitantes tan diminutos.
He propuesto que cada día salga uno de nosotros a hacer la compra, los lunes voy yo a la farmacia y compro todos los medicamentos que hagan falta. Los martes y miércoles mi padre va a comprar el pan. El resto de los días va mi madre, salvo el domingo, que le toca salir a mi hermana pequeña, ya que un día sin pan no hace daño, pero un domingo sin postre es imposible.
Ozono en la nariz y la boca, gel con alcohol en las manos y una oración para que nadie te estornude encima.
La realidad se mezcla con la ficción, la realidad parece una historia de película, como si la realidad estuviese en algún lugar, lejos de éste donde nos movemos y estuviésemos todos esperando la señal para poder retomar nuestras vidas.
Hoy me quedé escribiendo, porque si no, las cosas que están pasando, pasarán y parecerá que nunca pasaron. Por eso escribo, por eso no dejo de escribir.

Cruz González Cardeñosa
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DIARIO DEL CORONAVIRUS

Cada día es un regalo, cada momento es único. Cuando pienso en la cantidad de muertes que están aconteciendo en tan corto periodo de tiempo, muertes inesperadas ¡personas que aún no tenían que morir! me siento impresionada por esta situación. Y esto siempre pasa, pasa cada día, pero ahora se manifiesta de un modo diferente, la aparente tranquilidad de las calles sustituye el terror a la muerte, es una guerra silenciosa y anunciada, una guerra creada, cómo no, por el hombre. El mismo que ayuda a nacer y que produce la vida, produce la muerte. Que terrible dolor, el sentirse intocable y simultáneamente vulnerable de partículas que ni siquiera se ven. Todos temeríamos al león si estando en la selva lo vemos venir, pero enfrentarse a lo imposible, al silencio infinito, es algo para lo que muy pocas personas estamos preparadas.

Paqui Robles

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CRONICA DE ESTOS TIEMPOS
Seguimos en estado de confinamiento. Me levanto a mi horario acostumbrado, rutina, trabajo…aparto de mí el bombardeo constante, un sensacionalismo que te viste con una piel que se riza y se contrae. También es como el humo, nubla los ojos, te mete los sesos en un frasco hasta dar pasos atrás en la humanidad. Ahora no podemos besarnos, ni aún tocarnos, un metro de distancia, mascarillas hasta los ojos, guantes…todo aséptico, hasta la palabra. No hablan, embuídos en el virus del silencio marcan el paso a sus hogares, para compartir en las redes una foto, sus impresiones del día y luego a aplaudir en el balcón. Bravo por el automatismo. A cara descubierta, con los labios pintados y sonriendo, debo ser un bicho raro. Las palabras más utilizadas: alcohol, guantes, mascarilla, coronovirus, miedo, casa. Como esto siga así poco mundo vamos a poder nombrar, el cinturón aprieta. ¿Dónde quedan las palabras magnolias, pasión, pasodoble, mandril, acuñar… y tantas otras? ¿Cómo podremos conformarnos con ese círculo infecto cuando hemos sobrevolado por las ciudades? No pienso decaer en las palabras: ornitorrinco, palmípedo, avitaminosis, vientre de pantera, bramar…. así hasta proclamar un eructo que explosione en el centro de los átomos. Imposible no tener calma ante semejante descubrimiento. La vida estalla a cada paso, me niego a cerrar la boca, poner una mascarilla diseño quirófano y pretender que el contagio es por un virus. El verdadero contagio es el secuestro único de nuestro pensamiento y en eso, no podrán. En cuanto el mancebo de la farmacia me pregunte si quiero alcohol, mascarilla, guantes, pienso decirle que lo que quiero es hacer de la cinta que doblega el aire con franjas negras y amarillas millones de abejas que sobrevuelen por la farmacia y fabriquen el néctar más dulce, colocar en sus labios un suspiro para que las recetas con nombres terminados en -ol se conviertan en ramo, que las flores llenen la estancia, se reproduzcan y las gentes las tomen del tallo, y también se tomen entre sí, bellas señoritas y apuestos señores diciendo versos en paraguas, llenando el mundo de pequeñas bombas escritas: el jamás venciendo la mirada, el hasta luego vendiendo un billete para el ómnibus, la pirueta del acróbata poniéndose guantes y mesándole los cabellos, el beso de dos auténticos desconocidos ahuyentando la oscuridad y doblando la línea del horizonte siguiendo el despuntar del alba.

¡Señora, señora, que no se pueden entrar más de dos en la farmacia!¿es usted una suicida,o lo que es peor, una asesina?

Laura López

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CORONA VIRUS

Feliz por tener a Mia, una pequeña Beagle que me acompaña en este encierro.
Salgo dos a tres veces al día. Veo la ciudad vacía… esta mañana, por ejemplo, una
ciudad lluviosa, con calles y calles vacías. He estado en dos pequeños parques cerrados
y no había una sola alma.
Es como tener la ciudad para uno solo. Vaya triste pretensión.
Me gusta ese disfrute por un momento. La verdad, no todo el tiempo.
Ella me saca a pasear ahora. Y la he ido conociendo poco a poco, casi como una madre
a su vástago. Tenemos esa complicidad, curiosa me parece.
Después de la última vez que la bañé, parece que le gustó mucho y ahora se pone
todas las noches debajo de la ducha.
Yo le prometo que cuando deje de llover tendrá su baño.
Permanece ajena a todo lo que está pasando. Madrid está cercada por un virus y ella
respira tranquila a mis pies.

Paola Duchên
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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