LA REPETICIÓN / Historia

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La repetición

Cuando volví de viaje noté algo raro en los hábitos de mi hermano, los cepillos de dientes, el secador, la crema de afeitar, las tazas del desayuno ya no estaban en mismo sitio. Los muebles ocupaban otros lugares, he de reconocer que entré en pánico ¿qué había pasado durante esos cinco días? ¡Él que era el amo de las rutinas! Le pregunté e hizo como que no entendía, yo le seguía como un gato preguntando por la localización de esto, de aquello, sólo respetó el armario con mi ropa. Madrugué para ir al trabajo y al volver le vi de lejos, sin pensarlo me encontré siguiéndole, cruzaba de acera a cada rato, entró en una tienda de electrodomésticos, en una barbería, luego le vi acceder a un edificio. Cuando lo alcancé estaba cerrado y a la derecha había una placa dorada que señalaba una notaría, una aseguradora, una agencia de viajes y un psicoanalista. Quise adivinar a cuál de esos lugares se dirigiría pero no supe elegir la botón, me quedé esperando unos quince minutos y volví a casa, seguro que durante la velada me lo contaría. A su vuelta, se le veía contento al cruzar el arco de la habitación, pero no se mostró nada dicharachero y ni siquiera encendió la radio como de costumbre. ¿Qué has hecho hoy le pregunté? Mientras se sacaba la corbata, esgrimiendo una leve sonrisa, me dijo que no recordaba, que seguramente lo que repetía todos los días.

Ana Velasco

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LA REPETICIÓN
Todo se dice de diferentes formas y de la misma forma, me repetía a mí
misma, y que esta misma mañana me había despertado con los rumores de la
conversación de anoche. Nos acostamos tarde, después de haber venido
caminando, atravesando Plaza Colón, bajando por el Paseo del Prado hasta
Cibeles y luego tomando la calle Alcalá hasta el cruce con la Gran Vía. La Gran
Vía estaba espléndida a esas horas. Iluminada con grandes carteles,
impresionaba como una gran urbe que nunca duerme. La gente, a esas horas
de la madrugada se movía como si no existieran ni las preocupaciones, ni los
problemas, ni las facturas a pagar a final de mes. Nada. Ese Madrid
maravilloso me tenía fascinada, totalmente encantada.
Todo lo sórdido que podía ser, lo veía con encanto, con indulgente mirada,
como quien mira un cuadro de Velázquez o de Goya en el Museo del Prado.
Estampas vivas de una ciudad muerta. No existía ni el dolor, ni la angustia ni la
pobre vida de sus personajes nocturnos que noche a noche se repetían sin
faltar a su cita en las amplias aceras de la gran avenida madrileña.
A veces, me daba la impresión, que esta ciudad que se alzaba solo en las
noches sobre la diurna, les pertenecía por total derecho, más a ellos que a
nadie, seres del infierno citadino, pequeños monstruos de una vida más que
vivida.
Así se repetía, noche a noche, el decorado de la calle más transitada de
Madrid.

Paola Duchên
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LA REPETICIÓN

Ella entró en la habitación y mientras dejaba el bolso sobre la silla y el sombrero en el escritorio se vio reflejada en el espejo, sonrió y siguió camino a la salita que daba paso a la gran biblioteca, donde su padre, gran lector, estaría sentado en su sillón con un té bien caliente y su pipa.
Cada día desde que murió su madre, ella venía a las seis en punto a ver a su padre y compartir con él las horas de la tarde hasta la cena.
Él estaba en su sillón con su té bien caliente y su pipa.
-Como sé que no tomas té, hice preparar un café con unos dulces de esos que te tanto te gustan.
-¿Qué celebramos?
-Qué te parece celebrar el hecho de que estamos vivos.
Me quedé mirándole sorprendida, en cinco años él nunca había interrumpido su lectura cuando llegaba. Recibía agradecido el beso que le daba en la frente y sólo levantaba levemente los ojos cuando yo me sentaba.
Le abracé aliviada. Por fin mi padre sonreía.

Cruz González Cardeñosa
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Historia: La Repetición

Con regocijo y secreta excitación recibimos la noticia de la repetición de elecciones. Es cierto que la gente ironiza y aparenta quejarse, pero nadie quiere confesar ese vicio, esa íntima costumbre. Recuerdo que en la adolescencia, cuando los padres de algún compañero se iban y le dejaban solo en casa, aprovechábamos para ir todos los amigos a esa casa para poder votar a gusto.
No sé en otros países, pero en España nos encanta votar. En las fábricas, después de la jornada de trabajo, los obreros votan en la ducha, a escasos metros de la ducha donde otro compañero probablemente también esté votando. Y esto sucede porque es mucho más divertido cuando se hace acompañado. Cualquiera puede ponerse a votar a solas en el baño de su casa, pero lo bonito es cuando hay elecciones generales, cuando todos lo hacemos a la vez. Las elecciones son una satisfacción colectiva incomparable para todos los españoles. Una especie de bomba de placer sensual que inunda cada rincón de nuestras ciudades y campos. El resultado es lo de menos. Lo que nos divierte es frotar el papelito, enrollarlo, desenrollarlo, doblarlo con delectación, introducirlo lentamente en el suave sobre aterciopelado y, después; sonriendo al público de los vocales de cada partido, brindando el voto a la concurrencia vecinal como si del estoque se tratase, introducir nuestros húmedos genes en la hurna. Esa pública mujer donde se mezclan y remezclan nuestros fluidos corporales, nuestras opiniones, números de lotería bullendo en los bombos giratorios de la suerte.
Kepa Ríos Alday
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LA REPETICION

· Tenían que haber estado más atentos, haber preguntado todas las semanas un año antes de la fecha, si seguía todo correcto, haber leído en el boletín en la página mil setecientos doce, el número de enlaces. En definitiva que pareciera que les importaba algo.
· Pero… Intento ella comenzar a hablar, mientras veía como la espalda de él quería tocar el suelo por la parte delantera. Se estaba encorvando tanto que cada inclinación le sumaba años que no tenía.
· Pero nada. Dijo el funcionario con cierta satisfacción. – Solo se permiten cinco bodas al día y la suya fue la sexta y por tanto es nula. Mírenlo por el lado bueno, tenemos una fecha libre dentro de siete meses, además tendrán un cinco por ciento de descuento en el pago de los impuestos de los nuevos formularios y por el Art. 7637 de la ley de Responsabilidad de los novios por causas administrativas, los invitados están obligados a asistir el nuevo día.
Hernán Kozak
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