AQUELLA AUSENCIA INESPERADA / Poesía

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AQUELLA AUSENCIA INESPERADA

Doblada en siete partes sin argumento definido,

la ciudad entra ahora en un bolsillo.

No tengo nombre ni apellidos,

ni clase social ni dirección relevante.

Respiro como respiran ustedes

y aún se decir “buenos días´”.

Y a mí también me duele

y me gusta sonreír.

Y a mí la boca me enamora

y el viento me canta.

Quiero que gritemos juntos,

que vuelvan los libros y la calle,

ver el mar, conocer el nombre de mis vecinos,

y tener hijos sin miedo.

Y a mí…

aún se me caen las lágrimas aunque no los conozco,

y a mí…

también me persiguen diciéndome como debo vivir.

Hernán Kozak

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Poema: Aquella Ausencia Inesperada

Allí donde no debía
estar la Hora cambiante
te dieron más estrellas
que contar y tú aceptaste.
Estrellas y planetas lejanos
como hechos del pasado
contabas sin descanso.
En un instante claro
soltaste la cuerda del lazo
corriste solitario
hacia algo.
Caíste por tu propio cuerpo
escalera abajo,
te encontraste desnudo
bajo la sombra esperando
el filo de la guadaña
segar tu tiempo de un tajo.
-No te sobrarán minutos
de partida a donde vamos-
Dijo la muerte llorando
y yo le respondía en verso
si escribía pronunciando
largamente consonantes
con afectos sofocados
diciendo elegantemente
que se marchase a otro lado.
Kepa Ríos Alday
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AQUELLA AUSENCIA INESPERADA

Aquella ausencia inesperada
lanzó mi corazón sobre el vacío
y la sangre agujereando la sombra
que acechaba, volcó
sobre el diván de los espejos
tu rostro sin piedad atormentado.

Me sorprendió la luz,
subí la escala hacia tus ojos
y tu nombre imprimió, en mis palabras,
el tiempo.

Sentí una tristeza amiga
mientras sobre la tela en blanco
extendía colores y cantaba.
Mi corazón de nuevo palpitaba.

Cruz González Cardeñosa
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AQUELLA AUSENCIA INESPERADA

“Labios de Dios, salvadme de mi insistencia

Infatigada, de mi ceniza desmoronándose”

(Vicente Aleixandre – Pasión de la Tierra)

El viento

trae el eco de tus botas

subiendo el escarpado sendero,

en la cima las piedras esperan tus manos

para esculpir el tótem

que exige la montaña por el placer de ingerirla.
La cantimplora verde no te acompañó aquel día,

– tenemos que decirnos adiós le susurraste-

no era agua lo que deseaba tu boca

al ultimar tu ascenso.

En tu empeño

no dejaste de rendir culto al vaquero

cuyo queso recibió tu último beso,

luego recostada en la axila de tu biosfera

emprendiste el solitario descenso.
En ese desnudo paisaje que custodia tu rocío

la nieve sigue ciñendo tu figura,

que no cesa de zigzaguear sobre el ondulante alpino.
Ana Velasco
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AQUELLA AUSENCIA INESPERADA
De repente la ausencia,
aquella ausencia inesperada
con su resplandor de luces apagadas,
con sus destellos de fosfeno
desvelando sus secretos.
La cruel lectura del insomne.
Los párpados herméticos
como telón de fondo.
La interminable lectura de la noche,
que recuerda incansable
las palabras pronunciadas,
los gritos numerosos,
las incontables sílabas
que atan los recuerdos.

Y ahora esto,
esta ausencia, este devenir
en la parquedad de las manos.
La fugacidad del amor,
del deseo que escapa
por las rendijas del sueño.
Ruy Henríquez

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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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