AQUEL VOTO FUGADO / Historia

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AQUEL VOTO FUGADO

Decidió ir a la ciudad exclusivamente para visitar aquella cafetería que tanto le gustaba.
Le parecía un lugar muy agradable. Era pequeño y acogedor, con techos altos y mesas redondas de mármol y madera. El suelo de tarima envejecida por el paso del tiempo, le daba el toque de encanto propio de un viejo café, al igual que los ventiladores del techo, tan necesarios en un día como ése.
Había flores frescas en la barra y adornando cada una de las mesas. Unos ventanales enormes con vistas al paseo marítimo hacían que fuera el lugar ideal para una pausa.
Recordó la última vez que había estado allí hacía treinta años. Aquel día había quedado con su tío al que tuvo que esperar durante al menos una hora. Tiempo suficiente para cambiarle la vida para siempre.
En aquella ocasión, la camarera se había acercado para tomarle nota. Fue como una bocanada de aire fresco, simpática y atrevida. Vestía una camisa roja ajustada que ceñía su pecho a la perfección y que se asomaba descaradamente por el escote. La falda por encima de la rodilla y del mismo color, dejaba al aire unas estilizadas y perfiladas piernas.
Cuando dejó el café en la mesa pudo contemplar sus labios carnosos de color cereza y respiró profundamente el perfume que aireaba su melena negra y ondulada. Era tan hermosa…
Le hubiera pedido que se quedara con él toda la tarde. Quería saber todo sobre ella: de dónde era, si tenía padres, hermanos…pero sobre todo le interesaba saber si tenía novio.
Hasta que su tío llegó, estuvo contemplándola como si estuviera admirando una obra de arte. Mirándola de lejos, saboreando todos los matices de color que desprendía en todos sus movimientos. Sin poderla tocar. La hubiera besado apasionadamente. En su caso, hubiera sido por primera y última vez. Un remordimiento punzante le recordó que ya estaba comprometido.
También rememoró con intensidad todo lo que pasó al día siguiente, cuando el Obispo electo se puso de pie ante el Obispo ordenante principal, quien lo interrogó con estas palabras:
-La antigua regla de los Santos Padres establece que quien ha sido elegido para el Orden Episcopal sea, ante el pueblo, previamente examinado sobre su fe y sobre su futuro ministerio.
Por tanto, querido hermano: ¿Quieres consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal que hemos heredado de los Apóstoles, y que por la imposición de nuestras manos te va a ser confiado con la gracia del Espíritu Santo?
Aquel “hasta la muerte” le pareció profundo y desgarrador. Como un latigazo. El eco de estas palabras inundó todos los huecos de su existencia. En ese momento supo con absoluta certeza que no quería vivir esclavo de esos votos y de las ilusiones de un beso el resto de su vida.
Ensimismado en estos recuerdos los tacones de su esposa golpeando sobre la tarima le devolvieron a la realidad. Traía dos copas de vino blanco. Se habían sentado en un sitio privilegiado desde el que se veía el horizonte y la brisa les traía un delicioso olor a verano y a mar. Con sus 60 años seguía teniendo ese maravilloso escote y esos labios color cereza que solo pensaba en besar apasionadamente.

María González
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AQUEL VOTO FUGADO

Aquel voto fugado, detenido ante lo imprevisible, fue alejándose poco a poco hasta que las palabras retornaron para nombrarle en otra vida, en otros pasos, en otro cuerpo tan distinto al primero que ni siquiera podía diferenciar entre el sueño y realidad. A veces agachaba la cabeza para que los demás no lo percibieran, pero ya era demasiado tarde para recordar. Cuántas veces se perdieron en la niebla del amanecer cuando aún ni siquiera se habían encontrado por vez primera.

Paqui Robles
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AQUEL VOTO FUGADO

Marcelino estaba triste porque los resultados de las votaciones no habían sido, para nada, lo que antes de las mismas se comentaba en la ciudad.
Le hubiera gustado que el tiempo caminase para atrás, y mirase en qué momento los votantes habían cambiado de opinión, pero eso ya no era posible y no sabía dónde habían ido a parar los votos de todas las bocas que hablaban de su tendencia hacia la izquierda y que, se suponía, habían llevado su sobre a las urnas.
Defraudado, engañado, podrían ser las palabras que definieran su estado más que triste.
Quiso hablar con Adela, la bailarina de las esferas cuadradas, que vino a visitar a Marcelino, le dijo que seguramente los votos podrían haberse fugado por su cuenta.
Entonces comenzó a recordar aquella noche, la del escrutinio. Con el cansancio de la jornada de presidente de la mesa se hacía borroso el recuerdo. Poco a poco le fueron viniendo a la mente algunas cosas:
Aquellos votos levitando por encima de las urnas que al momento vuelven a entrar ante la mirada seductora del apoderado.
Aquella otra mirada cargada de sensualidad que apoya la decisión del voto que se quiere fugar de la urna pero al instante una mirada invitadora le ayuda a entrar otra vez.
Esa que, con mirada interrogante hace que el votito vuelva por dónde ha venido al lugar que corresponde.
Miradas cruzadas que hacen que los votos bailen al borde de la urna.
Aquellos votos a los que les echaron un mal de ojo y se convirtieron a otras religiones.
Pero hubo un voto que se quedó huérfano de mirada, muerto de frío quedó en una esquina de la sala esperando la escoba y el recogedor y se dio a la fuga.
Marcelino y Adela se quedaron con los ojos de plato al recordar, pero no sabían si era un sueño o no, lo que estaba claro es que si lo contaban nadie les creería.

Victoria Ávila
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AQUEL VOTO FUGADO

Llevo varios días merodeando alrededor de este apego infantil que tengo con mi pueblo, el motivo creo tiene que ver con lo ocurrido hace un par de semanas. Estaba saliendo del banco aquel viernes, cuando recibí una llamada desconocida, al ver el número tan largo a la primera no descolgué pero quince minutos después insistieron y claro, ahí ya sí atendí la llamada. Era del ayuntamiento del pueblo, que el presidente de la mesa había tenido un accidente y yo era el suplente ¡Ni recordaba que siguiese empadronado en el pueblo! Pues claro que iré, me oí decir mientras el alcalde me daba todo tipo de explicaciones sobre la negativa a cumplir con este nombramiento. El domingo por la mañana a las 8,30 llegué pensando que era temprano, pero ya estaban todos prestos a constituir la mesa, es lo que tienen los pueblos: “cuanto antes acabemos…..”. Me asombró ver tanto apoderado rodeando las urnas en un lugar donde no se cuenta el millar de empadronados, por supuesto todos se conocían, incluso a lo largo de la mañana me percaté que había miraditas entre rivales de partido. Se iba dando bien la jornada, cuando la interventora de Unidas Podemos dijo que quería poner una queja, pues el representante de Vox, guiñaba el ojo y se ponía a charlar con todas las jovencitas que llegaban a elegir su papeleta. Ante lo cual, el guapo, que todo hay que reconocerlo, dijo que él estaría encantado de hacer lo mismo por la blusita transparente que llevaba la apoderada del PSOE, que dejaba unos hermosos pechos al descubierto y no había macho que fingiendo buscar el distintivo del partido se quedase un rato pensando en lo de dentro. Ese fue mi primer conflicto del evento y aunque hice como que no pasaba nada, los vocales me pidieron que arbitrase en dicho aprieto. Les dije que estábamos tratando cosas serías, que el destino del país nos iba en ello y que por favor salieran a relajarse un momento. Tras aquello, la jornada apenas tuvo trabas y antes de lo previsto teníamos en las urnas los votos del censo. Llegó la hora del recuento y puse a todo el mundo a colaborar en esta actividad, los apoderados del PP tenían el montón de las papeletas que salían de Cs, los de podemos las de Vox y a la inversa, la mesa se repartía el resto de papeletas y una docena de ojos vigilaban. Se acabó el recuento, el PSOE salió ganador pero ¡Ay! Sorpresa, no cuadraron los votos, salía uno menos. Volvimos a empezar y no se avanzó, recuperamos la lista del censo y alguien sugirió llamar a la única abstención, convencerla para depositar un voto en blanco y acabar con aquello. Tras dos horas de recuento, sudando y arrepentido de haber descolgado el teléfono, solicité ir al baño, quise tomar un poco el aire y abrí la ventana, en el alféizar encontré un pájaro de papel sobre una papeleta en cuyo envés decía “te quiero, esta noche estaremos juntos”.

Ana Velasco
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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