LAS CONTRADICCIONES / Historia

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LAS CONTRADICCIONES

Pueden pensar treinta mil jugadas en un segundo, pueden colocarle el líquido a cien botellas en cuatro minutos, pueden barrer toda tu casa en media hora, pero si te das cuenta siempre irán detrás en esta carrera ficticia.
No pueden aprender y es que no tienen contradicciones, son siempre iguales a ellos mismos, no saben del futuro, todo es presente, no hay siguiente paso, la poesía del vivir se la tienen que programar.
Un aviso, si conoce algún humano con esas características, tenga cuidado.

Hernán Kozak

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OTROS CUENTOS

Eran las nueve de la mañana y mi amiga aún no había venido. Llegaríamos tarde de nuevo. Ella era, por norma, muy puntual, salvo cuando quedábamos con chicos. Ahí, ella tenía la puntualidad de las estrellas, llegaba cuando menos la esperabas y siempre hacía brillar la noche.
También tenía sus contradicciones, cuando algún chico le gustaba de veras, era incapaz de llegar a los encuentros. Era mi amiga y yo la quería.
Así que cuando era a mí a quién le gustaba mucho un chico, nunca quedaba con ella.

Cruz González Cardeñosa
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Historia: Las Contradicciones

La calle se abría como una caja de regalos cuando Mauricio ponía el pie en ella. Resulta que el sol y la lluvia habían producido pequeños brotes en los alcorques de los árboles y los lisiados del circo competían con los perros para disfrutar de ese manjar. Las cortezas de los troncos estaban mordisqueadas y peladas hasta el metro de altura aproximadamente, que era hasta donde llegaban aquellos antiguos equilibristas y contorsionistas. Pero ya había pasado el invierno y de nuevo la vida florecía por doquier, si ahora se alimentaban de los brotes de hierva, era de suponer que la corteza volvería a recuperarse rápidamente. No hay mal que por bien no venga.
Los escaparates de las tiendas parecían más brillantes ahora que había salido el sol. Las golosinas se apretaban a la vista del pequeño Mauricio. Los sabores entraban por su nariz en forma de olores y abrían su apetito ostensiblemente. Sin embargo, toda la familia tomada de la mano, decidieron seguir caminando aún un poco más porque Mauricio no había salido a la calle en un día soleado desde hacía varios meses.

Los escaparates con robots prodigiosos mostraban cómo un robot hacía todas las tareas que los viandantes le ordenaban al pasar por delante: Recoge ese libro del suelo, tíralo a la basura, mata a ese chico. Una trampilla en el escaparate dejaba ver algunas cabezas de cadáveres sonrientes y en la puerta un cartel decía: Se necesitan figurantes para interactuar con los robots.
La madre le preguntó a Mauricio si estaba pensando en comprarse un robot nuevo. El suyo ya tenía un par de años y a veces se equivocaba cuando le ordenaba tres o cuatro cosas diferentes a la vez. En vez de hacer el amor con la novia de Mauricio, este vetusto robot le había regalado dinero al robot de ella. Debe ser que con el uso, la máquina, que tiene capacidad para aprender, fue mezclando los conceptos de dinero y amor. O tal vez sea que los robots antiguos no están programados para soportar las contradicciones humanas.

Kepa Ríos Alday
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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