OTROS CUENTOS / Historia

artistas-vertigo-cuentos-abril2OTROS CUENTOS

Fue atronador el sonido que nos llegó desde el
exterior a los que quedamos vivos después de la
catástrofe venida del cielo. Quedamos 48 humanos y 6
familias de monos.
Todo empezó a girar por el aire que tenía un olor a
tierra y azufre destructor de almas. La basura cósmica
no paraba de devolvernos nuestra propia locura en
forma de remolinos de pasiones incontroladas.Tuve la
sensación de estar muerta en los giros en el aire que
nos dejaron sin respiración durante minutos que
parecieron horas.
Después, al día siguiente, en la más absoluta quietud,
sólo nos mirábamos a los ojos, penetrantes,
interrogantes, sin saber lo que había pasado.
Llegó la calma y volvió a salir el sol, tuvimos que
comenzar todo de cero. Dentro de la gruta en la que
nos cobijamos, recibimos indicaciones de nuestros
amigos extraterrestres que nos llevaron a una sala con
numerosos jeroglíficos inscritos en las paredes que
perduraron varias eras en la Tierra.
Juntamos en ese momento nuestros conocimientos a los
suyos y nos pusimos a escribir la forma de seguir
existiendo en esta galaxia.
Nos enamoramos de ellos, tuvimos juntos descendencia
con ojos verdes, en los que se reflejaban las
desaparecidas selvas amazónicas, los desplazados mares
del Norte. Tenían pies voladores capaces de escribir y
dibujar en las montañas las indicaciones para no
olvidar jamás el mundo que habíamos acariciado tan
salvajemente.

Victoria Ávila

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OTROS CUENTOS

La noche cerrada invitaba al sueño. Sin embargo, la niña estaba especialmente despierta y su madre comenzó a contarle un cuento con la esperanza de que el sueño la fuese tomando entre sus brazos.
-No, mamá, ese cuento no me gusta, quiero el que me contaste ayer que me hacía reír y me sorprendía.
-Voy a buscarlo, enseguida regreso.
La niña se tumbó sobre la cama, expectante, y cuando vio a su madre con varios libros, le dijo:
-Te dije que no quiero otros cuentos.
La madre dejó los libros sobre la mesa y se puso a buscar el cuento que le contó el día anterior.
-¿Cuál era el cuento? pensaba, un poco nerviosa, al ver que la niña se iba alterando.
De pronto se acordó. Era un cuento que a ella le contaba su madre cada noche antes de dormir hasta que las palabras se hicieron suyas y aquel cuento fueron las historias que leía en los libros y que, en algún momento, fueron parte de su vida.

Cruz González Cardeñosa
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Historia: Otros Cuentos

Isabel era estudiante de segundo año de Estadística Aplicada. A sus veinte años vivía con sus padres en Madrid. Hija de un alto cargo de una importante multinacional, Marcelino, que se había prejubilado hacía unos tres años, desde el día que Marcelino se prejubiló, Isabel tuvo un chófer gratis para moverse libremente por toda la ciudad. Y además, él último año lo había tenido para ella en exclusiva, ya que su hermano Álvaro se había ido a estudiar a USA. Así que Isabel podía, a toda hora del día o de la noche, transportarse casi instantáneamente por todo Madrid.

Un sábado por la mañana, Marcelino estaba jugando la final del campeonato de su club de pádel cuando, de pronto, desde la mochila empezó a sonar su móvil con el tono que tenía asignado a Isabel. Era el momento más decisivo del partido, y justo cuando a Marcelino le tocaba rematar, la pelota cayó rodando en el lugar donde antes estaba él. – Ok Isabel hija mía. No te muevas de ahí que llego en cinco minutos. Me has dicho Calle Lagasca 27 ¿verdad? Ok ya estoy de camino.
¡Perdón, es un asunto familiar urgente! – Dijo mientras salía corriendo con la raqueta en una mano, la mochila en la otra, y la prendas del chándal bajo el brazo.
Cuando llegó a Lagasca 27 Isabel esperaba sentada en un banco sola en la calle. Estaba llorando por su amiga Silvia. Resulta que el novio la había dejado por haberse dado cuenta que era gay y había decidido reconocerlo y vivir como tal.
Bueno – pobre chico – dijo Marcelino. Al fin y al cabo mejor que haya salido del armario y haya decidido rehacer su vida.

Si – contestó Isabel desde el asiento de detrás. Pero Silvia no lo ha aceptado bien e incluso lo ha pagado conmigo diciéndome que yo fui quien la lió para que quedase con el chico y que yo ya sabía que él era gay y lo hice sólo por humillarla. Entonces dice que ya no somos amigas.

Después de decir estas palabras Isabel se sorbió los mocos de la nariz y lanzó un minúsculo gemido. – tranquila mi amor, tu no tienes ninguna culpa. – dijo Marcelino desde el asiento de delante. – ¿Quieres pasarme su número para que llame yo a Silvia y trate de hablar con ella?

Pero Isabel no escuchaba, tampoco lloraba sino que sólo había simulado el llanto con la voz para que lo oyera su padre. En realidad estaba comprobando, en el teléfono móvil, si este cliente de Lagasca 27 le había escrito ya una reseña en su perfil público.
Kepa Rios Alday

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Carmen Salamanca Gallego
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