UN REGALO INESPERADO / Historia

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UN REGALO INESPERADO

Era como jugar a la lotería, lo sabía bien. Estaba seguro, no toda la gente que pide en la calle es pobre, siempre hay alguien que lo hace para poner a prueba la bondad humana, para comprobar si aún queda alguna esperanza en nuestra especie.
Y como no soy tonto y algo había oído, cuando me cruzaba con ellos algo les daba, incluso hasta les sonreía.
Y el 15/12/16 a las 17.30 me cambio la vida, acerté los seis números, le entregue una moneda de veinte céntimos al más feo y oloroso de los mendigos y gane.
Aparecieron por todos lados cámaras de televisión y una presentadora guapísima con un cheque gigante en la mano.
También me contrataron para hablar de temas sociales en una tertulia de la radio y este año publicare mi primer libro, “Mi vida con ellos”.

Hernán Kozak

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UN REGALO INESPERADO

– Estás seguro que es aquí la dirección que te dieron.
– Sí, me dijeron que habría un regalo inesperado.
– Estar contigo es un regalo, y lo inesperado ha sido darme cuenta de que hace medio siglo que hacemos el amor.

Cruz González Cardeñosa

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Historia: un Regalo Inesperado

Estaba dudando entre un perfume o un libro. El paquete era del tamaño de un tetrabrick de un litro de leche y tenía un peso demasiado ligero para ser un libro de papel. Tal vez se tratase de un libro con tapas metálicas, uno de esos libros que editan a todo lujo pensando en que pueda servir para regalo, que ente por los ojos. Cuando terminó de desenvolverlo, se dio cuenta que era un tetrabrick de leche.

Kepa Rios Alday

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UN REGALO INESPERADO

Llevaba dos semanas que no pegaba ojo, se despertaba todas las noches con una pesadilla. Cada día era un animal distinto el que la atacaba, empezó con un león, luego un jaguar, de ahí pasó a los reptiles, la última noche entraba en el esófago de una boa. Cuando se desvelaba sentía sudores fríos, veía a su esposo al lado, dormido tranquilamente y sin sospechar nada de lo que le estaba pasando. Lo peor es que todo aquello dio comienzo, aunque de forma menos viva, ante la idea de tener que buscar por veinteava vez algún regalo. La fecha anterior ya fue un horror, preguntó a las pocas amigas que seguían esta rutina, pero sus maridos se contentaban con una corbata; su roba-almohadas nunca llevó esa prenda, ni gemelos, ni reloj, ni usaba perfume, cuando le compraba música nunca acertaba. Esta vez la angustia iba a más, arrastraba varios días sin descanso, pensó incluso crear un brainstorming entre los conocidos. Estaba en estas divagaciones cuando entró su marido en la habitación con una cámara y chaleco de caza. ¿Pero de qué vas vestido? le dijo. No lo ves, ¿qué te parece si esta noche atrapamos a la fiera con la videocámara?

Ana Velasco

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UN REGALO INESPERADO

El queso con sabor a planeta extinguido era uno de los
postres más populares del planeta 356.
Había otros planetas que realizaban variedades del
mismo, sucedáneos, pero el verdadero, el que elaboraba
el artista celeste que guardaba sus ingredientes en
secreto, desde la era del cosmos psicoerótico, fue un
extranjero que decidió quedarse para siempre en este
planeta. Anteriormente, salía veinte veces al año de
su ruta orbital para investigar y recolectar los
diferentes productos que se daban en algunas colonias
de otros mundos. Planetas o estrellas con distintos
minerales que, en las tormentas cósmicas, juntaban sus
materias para dar lugar a sustancias que luego jamás
podían ser encontradas porque desaparecían sin saber
porqué, pero de las que se podía sacar mercancía para
muchísimo tiempo.
Decidió quedarse en el planeta 356 por muchos años y
así hizo su fortuna y también allí encontró el amor.
Las exportaciones le salían muy ventajosas, porque
además conocía a especies galácticas muy diversas, con
diferentes gustos en todo, sin embargo este postre no
se sabe qué misterio guardaba que era la delicia de
todos los mundos.
En una de las expediciones, en el planeta gris
metálico 358 conoció a una pareja de hermanos que
hacían cortos de cine y a los que compraba alguno de
sus productos a cambio del queso con sabor a planeta
extinguido.
Le sorprendió el caso de que en muchos de los cortos
el desenlace final fuera el suicidio de alguno de los
protagonistas o actores principales. En el planeta 356
nadie se suicidaba, no sabían lo que era eso.
A su regreso le regaló a su amor un ejemplar del
mismo, tenía curiosidad por su respuesta.

Mariví Ávila

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UN REGALO INESPERADO

Poco a poco fue forjando en mi ser un camino distinto por donde caminar, los pasos a veces eran temblorosos como las manos inciertas que acarician por primera vez lo desconocido. Fue entonces, cuando apareció ante mis ojos aquel regalo inesperado, abriendo los nuevos silencios transformados en palabras, las ventanas con pinturas del amanecer, los posibles destinos en todas direcciones y descubriéndose, a sí mismo, su brillantez.

Paqui Robles
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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