EL SONIDO DE LA LIBERTAD / Poesía

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EL SONIDO DE LA LIBERTAD

Es el sonido de la libertad,
y el silencio
fue uno por uno
dejando sus marcas
en las espaldas y los océanos.
Nada se podía escuchar
salvo los gritos
de las montañas
puestas en pie en su balcón.
Nada salvo
las consignas marcadas.
Solo sus versos sobrevivieron,
con ellos
nunca pueden.

Hernán Kozak

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EL SONIDO DE LA LIBERTAD

Había una alondra y un ruiseñor
que querían ser humanos
y no tenían calor suficiente
para el amor.

Un hondo pesar traían
y los dos querían lo mismo:
producir calor suficiente
para el amor.

La risa de una doncella
bella, bella, bella,
les mostró la liviandad.
Y ahora quieren ser
hermosos, y cantar,
cantar, cantar.

Cruz González Cardeñosa

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El Sonido de la Libertad

Era etéreo y superfluo,
ignífugo, tórrido sonido de la línea
que separa la libertad del fuego.
Crujían las vigas malsonantes
bajo las llamas asesinas de la libertad.
Un reloj se salvó
y una bufanda de mujer abandonada.
Algunos libros con poesía
sobrevivieron al sonido infame
de la libertad y el agua helada.
Algunos libros servían
para guardar una pistola dentro
y la libertad era munición
cuando no era una venda blanca
manchada de rojo dolor.

Era un sonido de comida
esperando mansamente en el plato,
un sonido de frutas maduras
en la boca de carne y besos
invisibles, inexistentes. Se oía
en el fondo de las paredes,
en el corazón nocturno
de los vecinos que lloran,
en las camas viejas que saludamos,
en las cadenas frías y sombrías.
Húmeda celda con luz propia,
ergástula escrita de libertad:
Aquí estuvo manumiso, resonante
mi cascabel escribiendo.

Kepa Ríos Alday

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EL SONIDO DE LA LIBERTAD

La voz que por tu garganta, desde todos los corazones
esparcidos, se alza limpiamente en el aire.
(Vicente Aleixandre- El poeta canta por todos)

Tejo sonidos de libertad desde el epicentro,
alborotada roca de gélidos fantasmas,
fuego, bramido, magma,
pegado a las genistas,
crepitar de vientres vivos
por taludes de rafia cariada.
Murmullo que acontece
cuando se agita el desaliento.
Pedaleo sin pausa en el zafio grito
frívolo taconeo ante contumelias,
un teclado donde poner la arruga.
Ésa fue la cota que bordé
al elegir ser mujer
en la boca de un cocodrilo.

Ana Velasco

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EL SONIDO DE LA LIBERTAD

Un rumor de versos caminando erguido,
construyendo el sonido de mi voz
en cataratas de estrellas,
dibujan y forman
en la fina seda de mis muslos
un camino en la vereda.

Un trapecio en mi garganta,
esculpiendo erres que se alistan
desde los limites del tiempo,
y un cálido viento con rostro amigo,
las hace vibrar en su caja sonora.
Ansiedad de corolas calladas,
soñando sus pétalos soldados
con sus rosados labios
conjugando la teoría de la libertad
en concierto de música y luz.

Escucho la ópera del río
diluyéndose en el mar cuando te nombro.

Sin la balada de tus cuevas que albergan
estalactitas extractoras de ignorancia
no habría mundos por descubrir.

¿Qué sería del rock balsámico
o el alboroto de invisibles lunas
en expresionismo abstracto?
Cuando un himno silvestre
acompañando a su grácil tormenta
canturrea la novedad de un eco
que seduce a las banderas del tiempo.

Mariví Ávila

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EL SONIDO DE LA LIBERTAD

El sonido de la libertad,
vuela alto,
sustentado sobre
el oxígeno generado
en gargantas sociales
de miles de humanos.

¡Abran paso
al sonido de la libertad!
Abran sus bocas,
presencien su lengua…

Cómo producen palabras
aquellos sonidos milenarios,
casi feroces,
de animales deseantes.

¡Y lo hemos conseguido!
forjar frases,
conversaciones,
¡lo hemos conseguido!
ser seres humanos…
en nuestro destino.

Paqui Robles

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EL SONIDO DE LA LIBERTAD

Era música para los oídos
prestos a la huida.
El tiempo escapaba incontenible
por las rendijas de tu cuerpo.
Era un vendaval encerrado
en la exactitud de una aguja.
Un viento huracanado soplaba
en el canto del turpial,
que incansable cantaba
en la espinosa maraña
que sus alas ataba.
Y si embargo no había esperanza.
Y sin embargo la noche arreciaba
con su hacha de piedra.
El juicio había sido dictado.
La sentencia era rígida
en su mortuoria condena.
Por eso el sonido de la libertad
nos hizo llorar de esperanza.
Enrojecidos los ojos,
ronca la voz en la garganta,
conocimos la frágil naturaleza
que tiene el alma.
Una sola palabra, un golpe repetido
como un tambor frenético.
La reiteración de un sonido
en la oscuridad perpetua.
El eco sincopado
de nuestra propia caída.

Ruy Henríquez
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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