EL RELOJ CON 3 MANECILLAS / Historia

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EL RELOJ CON 3 MANECILLAS

Eran 3 las manecillas del aquel reloj, pero nadie sabía por qué el tiempo que él mismo marcaba era arrítmico, no es que no tuviera espacios o melodías ocultas, es que su habitual tic tac, jamás repetía una misma canción.
En aquella casa, donde el tiempo se desconocía, los habitantes, una familia de 5 integrantes, se dormían al medio día, a veces, y otras veces no dormían, ya que el reloj pasaba de la tarde a la mañana siguiente sin pasar por la noche, era muy divertido ir de visita. Mi madre y la madre de Tomás, eran muy amigas y, a veces, íbamos a merendar con ellos a la mañana o a cenar cuando tocaba el baño.
Aquel reloj desordenaba las horas como quería, pero siempre traía sorpresa, todos los días eran una sorpresa. Lo único que se respetaba era el momento de las comidas, aunque podían desayunar 3 veces un día y llegar a la cama sin cenar, o comer y cenar sucesivamente otro día hasta la mañana.
En un principio parecería que aquel desorden era agotador, pero realmente estimulaba el ingenio de toda la familia.

Magdalena Salamanca

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EL RELOJ CON TRES MANECILLAS

Bajo el tic tac del reloj de arena construimos el tiempo que acontece en la muerte. Después, insinuaste que la verdad es precisa para la historia de las relaciones, soltando una ingenua afirmación, desprovista de deseo, que jamás podrá alcanzarse. Estuve pensando al respecto y llegué a percibir esa tercera manecilla del reloj que señala la perturbada moral donde a veces nos sumergimos.
¿No ves que en el desnudo de las palabras se encuentra la humildad?
Los oídos que observan con prejuicios no ejercen libertad.

Paqui Robles

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EL RELOJ DE TRES MANECILLAS

La competitividad entre ellos quedo clara desde muy pequeños.
Vivian en unos chalets adosados a la afueras de Sumegano, siempre hacían carreras para ver quien llegaba antes al colegio, quien recogía mas estrellas para su bolsa trilunar o quien se terminaba primero la merienda antes de ir a la extraescolar de física superior aplicada a las moléculas sin existencia.
Cuando les toco elegir destino Dios se decantó por crear y su compañero, como no iba a ser menos, también lo hizo.
Que uno construía mujer y hombre, el otro lo mismo pero mejorado, les puso una piel ignífuga fantástica.
Que uno hacía un valle de ensueño, el otro dos valles simultáneos donde a la vez podías disfrutar de playa y montaña sin moverte de tus primeras palabras.
Que uno inventaba el tiempo el otro un reloj pero con tres manecillas.
Nunca se supo bien el motivo, pero uno de ellos acaparo todas las portadas mientras que el otro no era tan reconocido, por lo que un buen día decidió dar un paso a un costado y ahora creo que juega al fútbol en un equipo de Barcelona.

Hernán Kozak

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EL RELOJ CON TRES MANECILLAS

Eran tres manecillas de platino, uno de tantos objetos antiguos que viajaban en la nave estelar.
La nave tardó tanto en llegar a su destino que el tiempo tuvo que dilatarse. Este fenómeno que se produjo dentro de la nave fue con otro de los aparatos antiguos fabricado en un continente desaparecido, y se puso en marcha automáticamente programado para que no hubiera colisión con el planeta al que quería entrar como bisturí en su órbita.
Ese mundo ya estaba poblado por seres de diferentes planetas, la inmigración era abundante en ese año luz. Se estaban formando numerosas estrellas en el entorno siendo imposible mantener los cuerpos en sus diferentes temperaturas. En algunas ocasiones lo consiguieron haciendo un escudo planetario con cuerpos fríos unidos (CFU) un fuerte sindicato que protegía el interior de la zona de cuerpos calientes unidos (CCU), así que se fueron viniendo a éste que mantenía los cuerpos en los microclimas existentes.
Una ola cósmica fue depositando objetos increíbles del pasado, pequeños tesoros que según iban viniendo a esta tierra cambiaban la forma de los cuerpos, sus reacciones y relaciones.Entre los objetos venía una esfera con números en círculo y en su interior ruedas minúsculas dentadas, imaginaron que era la parte que le faltaba a esas manecillas que venían en la nave y que ya no necesitaban puesto que la mayoría de los cuerpos tenía un gen desarrollado en laboratorio que medía el tiempo de aquí y de otros sistemas solares. En asamblea interestelar junto con los sindicatos se acordó llevar a la zona de reciclaje las tres manecillas y la esfera. Hubo que viajar al pasado para depositar los objetos, cosa que se hacía varias veces al cabo de su mínima medida de tiempo.

Mariví Ávila

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EL RELOJ CON TRES MANECILLAS

Lo encontró en el rastro aquel mes de febrero primaveral, iba pensando en la locura del tiempo y se topó con él. Era un reloj al estilo inglés insertado en una caja de madera, no había pensado en algo así, pero al verlo imaginó que algo retro luciría sobre la falsa chimenea. La semana siguiente se dispuso a colgarlo y ponerlo en funcionamiento. No queda mal, se dijo tras acabar el trabajo. Al cabo de un rato, desde la cocina escuchó un estridente campaneo, fue hacía el ruido pero al llegar ya había parado. Se quedó mirando al reloj y dijo ¿qué ha sido eso? Una hora más tarde, esta vez acomodado en el salón lo volvió a escuchar y ¡Oh dios! Vio aparecer una tercera manecilla que daba orden al estridente carrillón. No podía ser cosa del destino, cada vez que la gran manecilla pasaba por el seis, la tercera soltaba su patada y otra vez la ensordecedora sonata. Aturdido, fijó su vista sobre la tercera manecilla que marcaba la fatídica hora, en la que fracasó su suicidio.

Ana Velasco

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El reloj con 3 Manecillas
Tenía contados los segundos. Dentro cuatro mil doscientos tictacs, una hora y cuarto, saldría del trabajo e iría a visitar a su amante del edificio de enfrente. Una chica muy fea que leía en la cafetería sin parar. Iría a su casa para comer, pero apenas después del primer bocado a veces empezaban a besarse y no llegaban a comer el postre en la mesa.
Millán trabajaba en la floristería de un señor gaditano que tenía tres tiendas iguales en Madrid. Cuando algún cliente llegaba a última hora, a Millán no le importaba quedarse, pero ese día había quedado con la fea para comer y llevaba toda la mañana mirando el reloj, fijándose en la manecilla de los minutos y cómo ésta empujaba lentamente a la de las horas. Los segundos los contaba con su cuerpo. Se había acostumbrado a hacer una cosa por segundo, un paso por segundo, un movimiento por segundo… Sabía que le quedaban tan sólo unos miles de movimientos para salir. Para ir a divertirse. Lo que no sabía es que esa mañana la mujer del señor gaditano había llegado a Madrid después de unos meses fuera por motivos familiares. Ella era colombiana, muy apuesta y amable. Pero no tenía nada que hacer en Madrid. Después de enviar cada mañana a sus hijas a la universidad se quedaba todo el día sin hacer nada, así que como ella era una mujer de acción le digo a su marido que quería trabajar en una de las tres floristerías.
Cuando llegó a la tienda, Millán la saludó amablemente como a una clienta más y también le informó de que estaba a punto de cerrar. Cuando ella le dijo quién era y que a partir del día siguiente le iba a ayudar en la tienda, la tercera manilla invisible del reloj, la que empuja al minutero, se detuvo bruscamente en el cuerpo de Milán. Le dijo a la señora que tenía que irse cuando las tres manecillas del reloj se quedasen apuntando hacia la derecha, es decir, a las tres y cuarto y quince segundos.
Y ¿cómo sabe los segundos? – preguntó algo extrañada -. Los segundos los cuento yo. Ya le explicaré con más calma. Es algo íntimo para explicar así de repente.
Kepa Ríos Alday

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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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