EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIÉRNAGA / Historia

artistas-vertigo-cuentos-febrero2EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIÉRNAGA

El impulso de aquella luciérnaga hizo que unos pies caminaran sobre la fantasía de unos ojos abiertos. Hubo espejos que al mirarlos lloraban con lágrimas verdaderas, miraban tras las rejas a las estrellas, testigos de llantos desprendidos. Humos de cigarros consumidos. La tormenta pasó cuando apareciste, adornando cabellos y cara, anunciabas acontecimientos de promesas perdidas. Y fueron llegando, junto con ellos, nuevos verbos, nuevos versos, nuevas palabras.

Paqui Robles

———————-

EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIÉRNAGA

La noche quería abandonar el cuarto, creía que se había demorado. Se sentía densa y cansada y que nada tenía ya que hacer allí. Sabía que su compañero, el sueño, se vistió de día y comenzó a recorrer los castillos de la gente que iba a trabajar: un gran banquete, una isla llena de tesoros, un amor que vuelve… Pero el cuarto seguía cerrado, oscuro. Tal vez se paró el tiempo y la noche se despistó. Pero ya no podía salir. Golpeaba con sus puño la puerta, pero sólo consiguió escuchar un quejido de madera. Se acordó de la ventana, y puso la boca en la rejilla, aspirando luz. Quería insuflarse de aire fresco también y por eso se hizo más y más estrecha. Ya casi estaba, pero las piernas no salían. Llevaba sus botas de recorrer caminos y a éstas no les gustaba la luz. Una luciérnaga salió de un cajón de la mesita. Era tímida. Tenía un ala rota pero no estaba cansada. Abandonó el viejo calcetín donde se encontraba y sobrevoló, como dirían los terrestres, cojeando. Hizo un rizo en el cordón de una de las botas y cayó dentro de un impacto. Impulsó a la noche con su pequeño cuerpo de luz y salieron a la calle. Un alboroto las sorprendió y siguieron a la muchedumbre siendo penumbra.

Laura López

———————-

EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIÉRNAGA

Parecía que nada podía detener aquel impulso iluminado que atravesó el cielo una cálida noche de agosto, eran casi las 4 de la mañana y nadie supo qué podía ser aquello, su luz, su inmensa masa, el resplandor despertó a los habitantes de la pequeña aldea que desafiaba las pendientes y los surcos que dejaban los ríos a su paso.
Una a una se fueron despertando y saliendo de su habitáculo para observar el movimiento circular que su estela dejaba totalmente expuesta a todas sus criaturas.
Una colonia de seres disciplinados y con una capacidad de trabajo superior a la de cualquier ser vivo, no daba crédito a lo que, en medio de la noche, había interrumpido su descanso.
No sólo la luz era destacable, también, la belleza. Arcos luminiscentes cegaron aquellos ojitos que por un instante brillaron con cuando sus mamás les acunaban para dormir cuando eran chiquitas.
De pronto el sabio de aquella aldea pronunció una sola palabra: Luciérnaga.
El impulso de aquella luciérnaga transformo la vida de aquella pequeña colonia de hormigas que anidaba en mi jardín. Desde aquel día marcharon en busca de su luz.

Magdalena Salamanca

———————-

Historia: El impulso de aquella luciérnaga

Salimos del refugio de noche a buscar una mínima luz entre los matorrales. Aquella fuerza luminosa nos pareció digna de adorar. Su indiferencia hacia nosotros era increíble, aquel impulso separador solo podía provenir de un ser inhumano. Lo toqué con mi dedo índice. Aquella protuberancia iridiscente de la naturaleza nos hizo sentir como unos elegidos, privilegiados por la noche, participes de un extravío incomprensible. Era rugoso y tierno como un minúsculo panecillo. Al igual que el pan, irradiaba caliente su energía iluminando un espacio muy limitado a su alrededor.
Lo sostuve entre mis dedos delicadamente, con cuidado de no dañarlo. Pensé que debía dar alguna explicación a los niños acerca de cómo puede producir luz un ser vivo con su cuerpo. Pero no pude estropear aquel momento de estupenda incomprensión con supercherías academias. Le di la luciérnaga a la jefa de los niños. Y, mientras ellos se entretenían asombrados, yo fui a buscar otro insecto. La noche, para alguien que busca misterios, es infinita.

Kepa Ríos Alday

———————-

EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIÉRNAGA

En un planeta sin luces en el que no había soles que iluminaran ningún mañana, al cabo de
segmentos cósmicos repetidos, un ser sin huesos y con una órbita externa a su núcleo corporal
semejante a una red de nervios, símbolos compuestos, signos inentendibles para nosotros los
humanos, se lanzó al exterior en busca de la luz, alcanzando en una de sus expediciones, al
planeta Tierra. En una buhardilla olvidada había un cuento de luciérnagas con una ilustración en
la portada semejante a un bosque encendido. Interiorizó en su red nerviosa para ser estudiado al
detalle en su laboratorio flotante ese cuento.
El cuento había sido escrito antes de la catástrofe que asoló la mitad occidental del globo
terráqueo. Lo analizó al detalle, lo tradujo a su sistema de entendimiento y cuando en la
pantalla táctil del nervio 32 no se encontraron rastros de semejante bosque en el presente,
identificó la causa por la que ese único ser vivo, uno de los alquimistas más eficientes de la
naturaleza en la Tierra, con un sistema celular como una variada paleta de colores desde el
amarillo pálido al rojizo o verde claro y variadas irisaciones según la especie, se vino con él,
en su memoria, para añadir a su existencia un poco de luz antigua y a poder ser una regeneración
de esa materia extinguida, tan sutil y tan efímera.

Victoria Vegue

———————-

EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIÉRNAGA

Era una tarde soleada, el cielo azul, sin nubes. La sierra a lo lejos, blanca. Un hombre caminaba lentamente disfrutando del paisaje cuando, inesperadamente, sintió como una luz que al instante desapareció, era una luciérnaga. Aceleró el paso en dirección al pueblo y luego siguió el camino que llevaba al río. Siguió caminando con la intención de llegar hasta donde éste nacía, había comprado algo para comer y una botella de agua.
Cercano a la ribera álamos y cipreses. A lo lejos vio un claro y del agua saliendo una mujer. Ella aún no le había visto, y por supuesto ni se podía imaginar lo que el impulso de aquella luciérnaga produciría en sus vidas.
Cuando él estuvo cerca, ella le saludó sonriente. Él, sin pensarlo, se detuvo a conversar con ella. Después de todo, el nacimiento del río podía esperar, una mujer así no se encontraba todos los días.

Cruz González Cardeñosa

———————-

EL IMPULSO DE AQUELLA LUCIERNAGA

La noche tendía su manto de frío y esperanza sobre aquellos que iban a morir.
Una vez más eran piezas de un tablero dirigidas por valientes, humildes, generosos y humanos gobernantes que a miles de kilómetros, sentados con la calefacción baja para no manchar de sudor sus trajes, los movían como si de un video juego patriótico se tratase.
En estos tiempos donde la tecnología construye un nuevo mundo cada siete segundos, su mayor arma era una luciérnaga.
Estaba entrenada para llegar a las filas enemigas y posarse en el sitio exacto donde se escondía el batallón contrario y dar la señal con su luz del momento en el que debía comenzar el combate.

Hernán Kozak

———————-
TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

Visita nuestra web:
http://www.escribeycrea.com

Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s