BAJO EL ASOMBRO / Poesía

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BAJO EL ASOMBRO

Hay palabras de plástico
que duelen
cuando el aire
hace que golpeen tu lengua y tus dientes,
como si un barco de cartón
ardiera en tus ilusiones,
como si una nube de mármol
pudiera deslizarse a golpes bajo tu piel.
Y no es que nos mientan,
es que no les importa
crear un bosque de invisibles arboles
que no lo toleran los rayos de sol.
El tiempo cura las heridas,
el rencor puede perder la memoria,
pero hay algo con lo que no pueden,
lo escrito, cada año,
volverá a preguntar por ellos.

Hernán Kozak

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BAJO EL ASOMBRO

Estabas bajo el asombro
de la noche sin sombras
con acacias y robles
y un diminuto clavel
que en invierno se helaba,
tratando de encontrar una huella perdida,
que una estrella sin nombre te trajera el color.

La furia de los dioses,
y el engaño infinito de tu rabia,
dispersaron el aire
y a tu lado quedó dolor.

Querías ser un astro,
bella luciérnaga,
un importante doctor,
y enterrado en la playa
dejaste tu esqueleto,
y su risa, al alba, te hizo creer
de nuevo en el amor.

Cruz González Cardeñosa

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BAJO EL ASOMBRO

Si te vas estaré quieta, paralizada, escondida en la noche,
nadie podrá ver lo oculto de tu partir.
Estabas ahí y no te veía,
esperabas encontrar paz y, sin embargo,
la guerra anidó tu corazón.
Éramos varios, palpitaciones constantes,
arrítmicas caricias, acabados silencios,
acantilados de amor y oscuridad.
Eres la huida y la balsa que se escapa
sin dejar huella, sin decir adiós.
No sé si eres el resto de lo que no fue
o la luz que ha de marcar un destino,
te vas y aún, queda entre nosotros la agonía última,
ese último aliento, disuelto entre las horas nocturnas.
Quizá debería soñarte alegre,
cómplice, anhelante, pero el alma yace inquieta
cuando el sol apaga su luz para darte paso.
Ve, padre, aún me quedan años
navegando la vida.
Ve tranquilo, ve.

Magdalena Salamanca

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BAJO EL ASOMBRO

Van sucediendo espacios que antes no existían.
Se abren camino desde las esferas que albergan
espacios diferentes.
Como columpios en ráfagas de asombro y sueños
al borde de mi ventana de nubes.

Quién abrirá mis cadenas sino yo,
haciendo encaje de bolillos con las letras,
en las pausas con el arte,
con estos frágiles dedos.

Es un aleteo del alma, bajo el asombro,
persiguiendo al poema.

Mariví Ávila

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BAJO EL ASOMBRO

Vacío, bajo el asombro,
todo vacío.
Nada que decir
a las palabras muertas.
Profundo paraíso
donde fuiste a tomar el té,
para no volver,
para no quedarte.

Cuántos días sin uso
ni desuso
bajo la sombra fría
que atormentó tu piel.
Caprichos permitiendo
lágrimas negras,
triunfantes ingenuas,
que dicen ser.

Atroz destino, despiadado,
bajo el asombro, el escombro,
bajo el escombro, gusanos,
vida para otras vidas,
vidas sin pensamiento,
sin sentimientos.

Vidas que aprenden
a sobrevivir
bajo el distorsionado
asesinato
que nunca aconteció.

Paqui Robles

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BAJO EL ASOMBRO

Momentos fugaces de una realidad compleja,
extraña a los ojos, absurda,
incomprensible y sobrecogedora,
caminos oscuros perdidos en la distancia
que separa mi vida de mi muerte.

Desesperada encrucijada, silencios rotos
con palabras absurdas y gestos sin sentido
para no pensar en mi efímera existencia.
Y ahí estoy yo, colgada del vacío,
indescifrable e imperfecta
en el instante en que descubro
qué solo bajo el asombro la vida
tiene otro sentido y el camino se vislumbra de nuevo.

Curiosidad imparable, alimento del alma
capaz de transformar el tedio cotidiano
en el goce de descubrir la belleza intima
de mí misma y del mundo que me envuelve
haciendo la existencia digerible y soportable,
aceptando la imperfección, la vida y la muerte,
entre las reglas del juego.

María González

 

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BAJO EL ASOMBRO

Rondaban las horas
tiernas del mediodía,
cuando despertó su alma
bajo el asombro glacial
del pensamiento.
Crujía la nieve
bajo los pasos lentos
y las uñas tiritaban
en la punta de los dedos
como brújulas
señalando el firmamento.
La niebla espesaba
en sus ojos las ideas.
La certeza era una ilusión
que permanecía
lo que dura un instante.
Le habría gustado fingir,
reír por dentro,
taladrar en sus mejillas
los surcos rigurosos
de dos besos.
Decir: “Esto que siento es cierto.
Tan cierto como he de morir algún día.”
Pero ella insistía en desaparecer
y retornar en sueños.
Como una mujer
con una juventud sin nombre.

Ruy Henríquez
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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