UNA LOCURA POR AÑO/ Historia

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UNA LOCURA POR AÑO

-Dijiste que era la última vez que hacíamos esto.
-Ya basta de quejarte, ¿acaso no lo planeamos juntos?
-Sí, y cuando lo planeábamos parecía divertido.
-¿Y ahora qué, acaso no sabes que las locuras no tienen por qué ser divertidas? Sólo se les exige que sean locuras.
-Ya sé, pero ya llevamos cuarenta años haciéndolo y aún no descubrí el misterio.
-No hay ningún misterio, querida, ya te lo dije cuando nos casamos, una locura por año y llegaremos a los cien años.

Cruz González Cardeñosa

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UNA LOCURA POR AÑO

Cada año le tocaba a uno del grupo preparar una idea loca. Esta vez me tocaba a mí.
Me costó seis meses convencerlos, al principio dudaban, tenían miedo, algunos incluso sudaban mientras les contaba lo que se me había ocurrido, tuve que jurarles que lo tendría todo organizado y que sus vidas no correrían ningún tipo de peligro.
Les dije que la noche anterior durmieran al menos ocho horas, sabiendo que el más templado podría dormir cuatro como máximo. Les roge que comieran algo, lo que fuera y si nada podían por lo menos tomaran algún complejo vitamínico.
Confirme la presencia de un médico y dos enfermeros, que no estarían observando todo el tiempo.
Cuando mis compañeros llegaron, nos sentamos y les pedí que cada uno fuera leyendo un poema de un poeta grande y uno suyo tal y como les había solicitado que trajeran.

Hernán Kozak

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UNA LOCURA POR AÑO

Cuando regresó a Madrid, lo primero que hizo al día siguiente fue visitar el Prado, necesitaba ver aquel cuadro que tantas noches penetró en su duermevela para guiarle hacia aventuras diversas, lo recordaba enorme, imponente, debía ser una cuestión de talla, pues solo tenía seis años cuando de la mano de su padre entró en el gran museo. No era un día un día muy concurrido, la sala estaba vacía y allí estaba el gran óleo, con todas sus lanzas, se quedó un rato mirando y luego vio como de la esquina inferior derecha un conejo salía del casco abandonado en el suelo, comenzó a despegar el lienzo abriendo un hueco para penetrar en la aventura, pasando por debajo del caballo, se dirigió al fondo y allí tiró de una de las lanzas, no fue fácil despegarla pero con un poco de maña y viendo que todos miraban a las llaves, se deshizo de ella en su lugar colocó un largo clavel rojo, luego asustado salió corriendo. Su corazón latía tan fuerte, que casi ni se atrevía a abrir los ojos, cuando lo hizo, el clavel estaba allí ¡Era cosa de locos! Se puso en pié y haciendo un guiño, se dirigió a la salida, iba hablando solo y se decía que a locura por año dentro de veintisiete abriles las lanzas no tendrían razón de ser, ni tampoco la rendición de Breda como tal, debería renombrarse “el alzamiento de los claveles”, solo entonces tendría sentido que él Diego, tal como dijo su padre, fuera el realizador de algo tan sublime.

Ana Velasco

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UNA LOCURA POR AÑO

En la mañana danzaba bajo la luna y en la noche cantaba bajo el sol, águilas que paseaban por su balcón, golondrinas anidando en el corazón del pueblo, perfumes instaurados en imágenes, el calor de la humanidad en la alcoba, espejos llorando su pena. Momentos inolvidables que quedarían encerrados en aquél baúl que tantas veces abrieron. Fue una locura tan profunda, que será imposible saber si lo acontecido fue realidad, delirio o versos de amor vividos.

Paqui Robles
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Carmen Salamanca Gallego
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