HISTORIA

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HISTORIA

Parece fácil, todo parece fácil a mil kilómetros o a diez metros.
Y abres tu boca de adoquines y revistas del corazón y tiene sentido el misterio de la montaña. Y parece que el rumbo se escoge de manera aleatoria y que forjar un destino es como preparar un bocadillo de zanahorias.
Y esto te lo estoy diciendo a ti y me lo estoy diciendo a mí, para repetirlo las veces que nuestra ingenuidad llame a la puerta.
Si alguien quiere participar al menos que compre la entrada.

Hernán Kozak

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Historia:

Cuando amainó la tormenta, Fermín salió a pasear y encontró sobre el camino un gran roble caído con sus raíces al aire renegridas por el fogonazo del rayo. Su primer gesto fue tratar de empujar el tronco, pero éste le devolvió el empujón sin desplazarse ni un milímetro. Recordó sus fantasías confesas acerca de construir una mesa maciza, de una sola pieza, una especie de escultura útil. Para esto sería suficiente la base del árbol, con el resto podrían hacer tablas y con las tablas sillas, puertas, mesas sencillas…
Saltó el tronco por encima y corrió a decírselo a su amigo carpintero.
Cuando llegaron de vuelta al lugar llevando consigo una motosierra y otras herramientas, se encontraron el árbol reducido a cenizas aún humeantes.
El carpintero opinó que seguramente el viento habría avivado el rescoldo y la llovizna había evitado la aparición de llamas o al menos su propagación. Pero Fermín se quedó pensando en el egoísmo y la poca paciencia de aquel tronco.
Kepa Ríos Alday
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TRASTAKA Y ESPEJO EN COOPERATIVA

Hacía un calor insoportable ese día. Menos mal que existía el planeta Espejo donde se podían
cambiar algunas cosas. Si en Trastaka hacía calor en Espejo hacía frío, si allá era de noche en
Espejo era de día, y así algunas cosillas, no muchas, pero se hacían gestiones cada 10 años luz
para cambiar alguna cosa más.
Además no era necesario viajar a mucha velocidad hasta allí porque la conductora tenía un
cursillo online de Paramahansa Yogananda, así que ella podía llegar al destino sólo con pensarlo
en el momento en que los pasajeros quisieran o ella misma lo deseara.
Pero ese día no ocurrió así, todo llegó a ser normal, el viaje duró lo que marcaba la hoja de
ruta y fue por lo siguiente:
Subió una única pasajera a la nave, se acomodó en el asidero al lado de Yerandhaba, la
conductora, y comenzó a contarle historias.
Al principio, la conductora no estaba muy contenta de que la señora viajara de pie, podía suceder
que en marcha tropezaran con alguna estrella y la señora se cayera al suelo. Le dijo que iría
mejor sentada, pero la pasajera debió sentir un vacio muy grande al ver toda una nave para ella
sola y no aceptó la invitación comenzando a intensificar su triste relato familiar y a retroceder
en el tiempo con lo que la nave cada vez iba más lenta, que no era importante porque habría
tiempo sobrante con la actitud neopensante de Yerandhaba.

-Estás gestionando una forma de gobierno alternativa en Espejo, así si un día te cansas de lo que
pasa en Trastaka te vienes a Espejo y expones tus cuestiones Trastakadas- le dijo la conductora a
la pasajera.

La pasajera tenía que soltar todo eso allí para llegar al planeta Espejo con otro cuerpo, el
cuerpo de la luz que poco a poco iba transformándola en habitante alternativa de Espejo.
Por eso al llegar le regaló unos higos que había cogido en el planeta Espejo en un momento del
relato, no me digas cómo le dio tiempo a recolectarlos y regalárselos a la conductora, pero puede
ser que la mirada condescendiente la hubiera metido prisa para semejante regalo en esa tarde de
calor y necesidad biológica.
Lo que no sé es si al llegar a Espejo había alguna otra recolecta espiritual o ésta sería
suficiente para hacer una nueva gestión espejada.

Mariví Ávila

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El asa de la maleta

Volvieron las vacaciones de verano y tocaba sacar las maletas del letargo. Como no eran muchos días me decidí por la de cabina, es la que me acompaña en las breves estancias, dirigirme a ella es casi una rutina. A penas salió del mueble desplegué el asa, revisé las ruedas y todo indicaba que la valija estaba en forma. Sobre la cama desplegué sus costados y fui recitando los contenidos que esta vez acarrearía: ropa interior, bañadores y chanclas de playa, algún vestido fino y bermudas. El bulto principal lo ocupaba el best seller del verano y las talegas de cremas antiarrugas. Revisé el conjunto en mi memoria uní los cuerpos, cerré el armazón y ¡ya está, nos vamos al Norte! Suelo hablar con mis objetos, no se si lo dije, así que en el ascensor le conté que esta vez tendría menos ajetreo, que nada de pasillos y controles aduaneros. No tengo ni idea de lo que pasó por su esqueleto al llegar al portal se me tiró al suelo, solo me dejó desplegar su asa a medio vuelo, la tomé por el mango hasta llegar al taxi, cuando señalé al conductor que íbamos a Renfe, me dejó con el mango en la mano y salió corriendo.

Ana Velasco
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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora

Inscripciones: carmensalamancagallego@gmail.com – 609 515 338
https://www.facebook.com/talleresdeescrituracarmensalamancagallego

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Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

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