LA MUDANZA / Historia

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LA MUDANZA

-Es maravilloso, por fin vamos a un lugar con luz natural, aire fresco y mucho espacio.

Luisa sonreía feliz. No se daba cuenta que aún no había comenzado la mudanza. Apenas habíamos guardado algunos discos y libros y tirado algunas cosas inservibles que llevaban años guardadas esperando el milagro de que alguien las hiciera desaparecer.

-¿Te das cuenta de el trabajo que nos queda por hacer?

-No importa, la semana que viene habremos dejado atrás años de agobio y malestar.

-Bueno, también hubo cosas buenas, amaneceres hermosos donde no existía el mundo y no importaba el mañana.

-Sí, claro, hace muchos años de eso.

-La semana pasada me dijiste que me amabas.

-Sí, el traslado a otra ciudad me ha devuelto la alegría.
No quise preguntar más. Me conformé con que ella fuese feliz por un instante.

Cruz González Cardeñosa

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LA MUDANZA

Buenos días, le dijo con sonrisa entreabierta. Después, buscaba sobre su olfato algún perfume que le fuese familiar, pero entre lirios, amapolas, sudores de la mañana y alguna que otra torpeza, se había olvidado de cuál podía ser el precio de tan costoso recuerdo, que a fin de cuentas, ni siquiera lo era. Cada vez que las cajas comenzaban a tener movimiento los muchachos se estremecían pensando cómo debía ser despertar sobre las nubes aterciopeladas en un invierno frío. Bolsas cada vez más llenas, que veían su destino en la oscuridad de cuatro paredes, donde nadie les volviese a dar luz. Alientos desorbitados que vibraron en aquellas fibras hechas cenizas hoy día. Sí, cada encuentro era diferente, había algo que quedaba atrás y nunca se sabía qué. Lo único real, los segundos vividos enmedio de una carcajada, cuando no importa el motivo por el que ríes y aún no has percibido que estás riendo. Cada mudanza fue diferente, al igual que cada encuentro.

Paqui Robles

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LA MUDANZA
Subir los escalones no era cosa fácil. La cajas se amontonaban en los filos de los peldaños queriendo arrancar del aire un espacio para evitar su traslado. Muchos eran los recuerdos que no se querían desprender del lugar donde siempre habían vivido. Era dificil llegar a otro lugar y conservar la silueta del olvido, esa entereza que navegaba en el cuento de Lewis Carroll en forma de oruga.
Y la oruga salió de la caja, y pudo comprobar cómo su estatura realmente era afortunada. Se agachó bajo un libro de derecho penal  y se dijo a sí misma: Esto es nostalgia, creer que lo antiguo es mejor, que los almohadones donde surgían las ideas y se fumaba hasta colocarse cubrirían todo, más que una buena casa, un hogar con familia y libros en los que almacenar frases y poderlas leer en el momento justo en el que se quiere abandonar todo.
Una corriente de aire la devolvió al cuento, al pasadizo, a los círculos del humo que solía hacer mientras fumaba sentada sobre las setas y la mudanza prosiguió.
Laura López
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LA MUDANZA
Ella no tenía una casa fija, se mudaba cada día, o más bien habría que decir cada noche, porque en vez de dormir, ella cambiaba de casa por la noche. Tenía dos casas, una de las noches pares y otra para las noches impares. El día lo pasaba trabajando y usaba la hora de la comida para intentar dormir algo.
Kepa Ríos Alday
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NO TODO ES LO QUE PARECE

Los he mandado reunir hoy aquí para explicarles quien es el autor de ese misterio que parece no tiene solución.
Fue Ruy Henríquez el que colgó la revista de Artistas del Vértigo la semana pasada.
Pero eso es imposible, estaba en el hospital, yo vi las fotos.
Sí, además nos mandamos mensajes y nos contó que le habían dado el alta el viernes. Le recomendaron caminar mucho y comer poco varias veces al día.
¿Alguno de ustedes fue a verlo?
Nos dijo que prefería que no fuéramos.
Justo lo que quería ese astuto contador de cuentos.
Recuerden que hace unas semanas no publicó la revista, ya que tenía su ordenador estropeado y alguno de los integrantes se lo recriminó. Eso le molestó mucho, ya que hasta ese día no había fallado ninguna semana. De modo que comenzó a tejer su venganza. Se compró un pijama azul, color hospital y con ayuda de la tecnología hizo dos o tres montajes que iría utilizando. No contestó a los mensajes cuando jugaba Colombia, sabía que eso levantaría sospechas. A la mañana siguiente su esposa llamaría a Carmen y le daría las nuevas noticias.
Mientras tanto él fue a su despacho y maquetó la revista, sin que nadie lo molestara. Dos días después la colgó desde una dirección de email ficticia de las Islas Caimán. El resto fue muy sencillo, alguna foto, algún mensaje para tenerlos entretenidos y de repente la publicación estaba en la calle.
Pero cometió un error, que me llevó a encontrar la solución de este enigma, corrigió algún pequeño fallo en los acentos de la historia de Hernán Kozak y eso solo podía haberlo hecho él.

Hernán Kozak

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TALLERES DE ESCRITURA
Carmen Salamanca Gallego
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