EL LIBRO MISTERIOSO / Historia

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EL LIBRO MISTERIOSO

Nadie había conseguido descifrar el misterio. Manuela llevaba aquel libro forrado de blanco debajo del brazo o en su mano. Casi formaba parte de si fisonomía, ya que contaba con un repertorio de gestos donde el libro formaba parte constituyente indisoluble. Esa manera de retirarse los cabellos de la frente con los dedos induce y medio, sujetando el libro forrado de blanco con el índice y el corazón, o la. Nunca había contestado a nadie cuando le preguntaban que qué libro era ese.
Nada, es una prueba -decía- un libro que escribí y lo estoy leyendo para ver si merece la pena. No lo puedo enseñar, si no está terminado, he cambiado muchas partes y ahora está todo liado… Cuando lo tenga terminado y lo publique, os lo diré a todos para que lo sepáis y vengáis a comprar uno… Pero nunca quiso decir de qué iba, si era prosa, poesía… Nunca quería decir nada del libro.
Por eso pedimos a los médicos que la dejasen llevar el libro con ella al entrar en urgencias. Cuando murió le dije al médico que no le quitase el libro de la mano, que aún teníamos que decidir que hace con el famoso libro blanco de Manuela, pero debió ser que el médico no se lo dijo a los embalsamadores de la funeraria. El caso es que, cuando llegamos al tanatorio, nos dimos cuenta de que el libro no estaba en la mano de Manuela. Lo habrán tirado por ahí, se les habrá caído… En fin, una pena.

Kepa Ríos Alday

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EL LIBRO MISTERIOSO

Empezaba con una letra O antigua y grande que ocupaba 4 líneas, luego las haches se sumaban, una detrás de otra, hasta alcanzar los bordes y caer, deformadas, por los laterales de la primera hoja del libro como la lava caliente por las laderas de las viejas montañas.
El lago azul ocupaba un redondel central en la página 45 y palabras enteras, frases, letras se organizaban alrededor para sumergirse antes de que la palabra invierno helase todo el círculo.
Luego, todas ellas salían esplendorosas, mezclábanse unas con otras y nadie controlaba su sexualidad cuando el sol giraba entorno a su o primitivo arrancado de su hache.
Pero hubo 20 páginas, después de la número 49, en blanco, nadie venía a visitarlas,
nadie, se hizo un silencio otoñal, pasaba las páginas y nadie me hablaba.
Entonces, cerca de la página 59 del libro misterioso, un sincero paracaidista entró por el borde izquierdo intentando bajar desde su paracaídas hasta el vértice derecho y desde ahí impregnar todo el libro de un mar cálido con olas de papel para poder jugar eternamente a las más preciosas combinaciones de palabras en un fondo azul.
Nunca pude saber dónde terminaba el libro.

Mariví Ávila Vegué

 

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EL LIBRO MISTERIOSO

Habíamos salido queriendo vivir la aventura propuesta en el libro misterioso. No que allí se encontrase esa propuesta pero nosotros lo queríamos hacer carne. Vivir el misterio tal y como lo había relatado el autor.
Vivir un misterio era, evidentemente, deshacer su sentido más profundo, quizá allí residía el verdadero afán.
Salimos de mañana en el lugar indicado, para realizar la ascensión al monte Viñamala.
Así había sido indicado en las páginas. El misterio llevaba su colección de motivos, ambición, vértigo, riesgo y el subidón que produce la cima.
Para seguir la propuesta del libro, me pelee con Isaac aunque más que producir agresividad en los demás había producido risas; éramos compañeros de ruta desde hacia muchos años y el escándalo que interpretamos sonó a rencilla de jóvenes.
Pasamos la parte de las grietas en silencio, tuvimos que hacer un esfuerzo por seguir el relato. Ni una palabra, pobres miradas sin expresión fue lo único que intercambiamos.
Al llegar a la parte más inclinada, como en el relato, el tiempo cambio, se cubrió el cielo de nubes espesas, la temperatura bajo de repente. La mitad del grupo decidió dar la vuelta. No sabemos si por la sensación de entrar en el relato o el verdadero impacto del viento y el frío.
Nosotros seguimos, de eso se trataba, hasta el tiempo estaba a nuestro favor. El misterio se acercaba…
Cuando llegamos a la llanura de hielo, estábamos completamente en una nube, teníamos frío y nos agrupamos más. Ricardo dijo que él iba a ser el primero en caer, y enseguida se deslizo sobre el hielo quedando rápidamente atrapado en un arbusto.
Después Felipe tomo su papel sin consenso, lo miramos aterrados, se deslizo despacio hacia Ricardo y sin que pudiéramos entender el gesto, desapareció, escuchamos su grito caer. Nos detuvimos petrificados.
Nos acercamos unos a otros. Veía en la mirada de los demás, una pregunta con dolor. ¿Dónde carajo nos hemos metido? ¿En qué página del libro estamos?
Empezamos a hablar, algunas palabras para volver a la realidad. Ricardo estaba inalcanzable sin poder moverse, Felipe se había suicidado delante de nosotros. La noche se hacia ver.
¿Quién era el autor de este libro?
Abrazada a Isaac, le dije: “Yo quiero salir del libro, no quiero ser la de la caída ni la accidentada, no quiero ver el misterio.” como si Isaac fuese el escritor.
Se separo de mi. Los otros me miraban sorprendidos. Escuche a Ricardo gemir y sentí una mano fuerte empujarme. Me deslice gritando, moviendo los brazos, arañando el hielo para sostenerme pero enseguida estuve volando en la noche, había llegado el misterio.

Clémence Loonis

 

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Carmen Salamanca Gallego
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