EL ESPACIO FISICO / Historia

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EL ESPACIO FISICO

-Íbamos a las oficinas, más o menos de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00, comprábamos el periódico en los quioscos, comíamos de menú, a la salida del trabajo nos tomábamos algo con los compañeros y después íbamos a casa.

-Cuéntame más abuelo.

-No, ahora cuéntame tú.

-Pues el espacio físico ha cambiado, ahora las oficinas no tienen paredes, puedes trabajar desde cualquier lugar, tu puesto de trabajo esta donde estés tú, puedo leer la prensa nacional e internacional desde mi móvil, para comer pido el tipo de comida que quiero a la hora que quiero, los encuentros con los amigos son virtuales, quedamos y jugamos juntos a juegos de ordenador y no volvemos a casa porque esa semana tal vez no hayamos salido de allí.

Hernán Kozak

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EL ESPACIO FÍSICO

Tenía que subir las escaleras cada vez que quería hablar con ella. Cuando llegaba a su despacho ya estaba medio ahogado y con respiraciones entrecortadas. La señora directora era una buena jefa, sólo que esporádicamente, de tanto en tanto, le gustaba humillar ligeramente a sus subordinados hombres encargándoles trabajos tradicionalmente femeninos o inadecuados a su puesto.

Yo tenía el título de Físico Matemático Superior. Cuando envié el currículum pensé que podían contratarme como ayudante en el departamento de estadística, pero Marisa decidió que alguien con mi gran preparación debía trabajar directamente de ayudante de la directora de la empresa. Ella valoraba mucho la figura del secretario, decía que un buen secretario es tan importante para la directora como lo es la directora para la empresa.
Me sentía bien tratado y valorado en general aunque me tocase ir a por algún que otro café de vez en cuando para ella.

A veces, al entrar a su despacho, había un olor demasiado intenso, casi como un gimnasio, además de una temperatura algo más elevada de lo normal. Yo sabía que ella se había estado masturbando pero nunca le dije nada. Al fin y al cabo, no pasaba todos los días, tan sólo algunos viernes aislados.

A ella le gustaba saber que yo lo sabía; me daba cuenta porque, en esos momentos, cuándo yo entraba con algún asunto a su despacho, ella me miraba como estudiando mi reacción para ver si me excitaba el olor de sus flujos vaginales o el imaginarla abierta de piernas sobre la mesa tocándose y corriéndose. Pero yo nunca quise exteriorizar ninguna reacción, ningún afecto. Ya había hablado el asunto con mi mujer. Si me intentaba pasar de listo con la directora ella me acusaría de intento de violación y perdería el puesto de trabajo, en esa empresa y tal vez en todas las empresas del sector. No, no podía pasarme de listo.

A veces ella traía unos escotes descomunales. Escribía en la pizarra y al borrar dada vuelta hacia mí, hacía que sus tetas enormes se balanceasen escandalosamente ante mis ojos turbados por la fantasía. Una de esas veces puede ver el comienzo de la aureola de un bello pezón. Era bastante oscuro como el de una mujer negra; entonces yo, no se porque, pero tuve una repentina erección incontrolable. Ella se percató de mi estado perfectamente: noté una húmeda alegría instantánea, imperceptible, atravesando velozmente su mirada y, en ese preciso momento, me pidió que dejase de apuntar por unos minutos y trajese una bandeja con café. Estaban en aquella reunión el jefe de ventas y la directora de recursos humanos, y me parece que también debieron darse cuenta de mi erección o al menos o ver algo raro en mis pantalones. No quise mirar sus caras por pura timidez y pudor, pero al alejarme por el pasillo sentí un extraño silencio seguido de unas risitas apagadas.

Al llegar a casa, después de un buen polvo, se lo conté todo a mi mujer no sé si enfadado o asustado. Ella se rió y me dijo: Tu jefa respeta tu espacio físico, no se te hecha encima, no te agarró jamás el pene… No dramatices que no es para tanto. Habría sido mucho peor si te hubiese tocado un jefe maricón.

Kepa Ríos Alday

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EL ESPACIO FÍSICO

El espacio físico, lugar donde unos se asfixian y otros multiplican variedades de somnolencias, cantando el cacarear de la mañana, cuando las gallinas pretenden que despiertes, mientras tú estás entrelazado con las sábanas. En el espacio físico pueden compartirse llantos, risas, cuentos y decires, que más tarde se olvidan, pero pueden repetirse.

Espacio sin sí o espacio sin no ¿Dónde está el límite? ¿En la muralla? ¿En las alambradas punzantes con niños refugiados sin sus padres? ¿Eso es espacio?

Siendo espacio, puede ser desesperadamente tormentoso, algunos no lo ven, creen tener una ocupación superior a la de otros. Para lo que nos conviene, diáfano, para lo que no, pequeño, para cantar y para ser humano, cuerdas vocales que puedan decir “lo siento”.

Paqui Robles

 

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